Lion

Cuánta fuerza puede haber en un niño, cuánta intuición y cuánta suerte para salir de la peor de las situaciones.

lion

Lion

 

Cuánta huella puede dejar esa vida azarosa en su personalidad definitiva cuando se encuentra, con cinco años, solo y perdido a 1.600 kilómetros de casa, en un país como la India.

Cuánta esperanza la de una madre que no cambió de lugar de residencia porque intuía que él podía volver.

Cuánta generosidad la de una pareja de australianos que adoptaron a dos niños indios, renunciando a tener sus hijos propios, con el objetivo de contribuir al bienestar de los que están sufriendo.

Cuánta indiferencia del primer mundo sobre lo que pasa en el segundo, o tercer mundo, que sólo se moviliza cuando le afecta directamente.

Cuánto niños que, sin tener nada, arriesgan su vida todos los días y son felices, saben amar y son generosos frente a muchos de los nuestros que, ante el exceso, nada les importa.

Si no han visto la película, no se la pierdan. Lion, con Dev Patel y Nicole Kidman

¿Qué me enseñó mi padre?

 

Hoy, 19 de marzo, Día del Padre, he querido escribir sobre el mío, Manolo Vidal. No quiero beatificar al que ya no está, pero hoy he estado pensando sobre lo bueno que aprendí de él y cómo lo traslado a mi vida actual.

papá

De mi padre aprendí a ser la mitad de consecuente y coherente que fue él, a dar libertad incluso a quiénes no me la dan, a ser respetuosa, a perdonar (pero no a olvidar), y a ver la realidad con su más preciado don: el realismo.

Él, que se dedicó toda su vida a servir a los demás (con un compromiso que yo no alcanzaré) desde su profesión y desde su actividad política, pagó los injustos peajes de decir lo que pensaba, a pesar de las siglas, y de imaginar, siempre, cómo se podría lograr cambiar las cosas para “mejor”.

Esa cierta utopía y no resignarse, hasta muy cerca de su final, son dos de los legados que llevo orgullosa como bandera; y también  una visión con cierta perspectiva de mi entorno vital: siete islas y un vasto mar.

Esa perspectiva fue fruto de la posibilidad de abrir el horizonte y poder mirar, desde fuera, lo que para unos es la única realidad, la única manera de hacer las cosas … y comprendí que siempre se puede innovar, siempre se puede cambiar, siempre se puede resurgir pero, para ello, hace falta voluntad, humildad y tesón: a veces no tenemos ni una cosa, ni la otra…

Siendo una persona que vivió durante la dictadura de Franco, que luchó contra ella, imbuido por lo que había vivido en Venezuela en unos años especialmente convulsos para toda la zona del Caribe, siempre valoró lo bueno y lo positivo de cada tiempo, de cada momento; también cuando solo tenía para comer, en su pensión de Madrid, gofio con sardinas.

Cuando miro hacia atrás, la utopía e ilusión que empujaron a mi padre, y a muchos como él, a mejorar las cosas, no son las más comunes en el mundo de hoy. Defendían aquello en lo que creían a costa de lo que fuera. Nosotros, en cambio, parece que queremos decir Si no le gustan mis principios, puedo cambiarlos… Posiblemente, porque vivimos entre más algodones de los necesarios con el convencimiento de que nada permanece y que lo anterior debe ser derribado.

Ellos que lucharon y arriesgaron por el sueño de un lugar en el que tuvieran cabida todos, independientemente de su perfil político, de su raza, de su religión… se lamentarían al ver que nosotros, como Humanidad, todavía seguimos en ello…

¿Y para qué sirve en este punto lo que una hija aprendió de un padre? Pues simplemente para seguir… y seguir defendiendo aquello en lo que crees.

Así que no perdamos la esperanza. ¡Gracias papá!

Me gustan las mujeres

Comparto maravilloso manifiesto de Noemí Martín en el Día de la Mujer. Ser mujer no es fácil en un mundo decidido, en su gran mayoría, por hombres. Lo importante es afrontar el camino con libertad y de la mano de quienes sí respetan a las mujeres y a otros hombres.

¡Gracías Noemi!

Me gustan las mujeres

Piel quemada

La manera de vestir es sin duda una tarjeta de visita, una presentación de quién eres y qué quieres llegar a ser, a veces qué o a quiénes representas, por lo que, desde un punto de vista de una figura pública, la etiqueta define o presenta nuestra personalidad.

En los últimos años queriendo convencer políticamente de un nuevo aire, muchos se han quitado la corbata y la chaqueta, pretendiendo transmitir con ello una cercanía y una nueva forma de hacer las cosas. Por supuesto que creo que fracasan en el intento, las ideas nada tiene que ver con la moda por mucho que ésta cambie.

Y llegamos a la Navidad, y se adueña de nosotros, como una más de nuestras tradiciones, la porra a ver qué presentadora, que no presentador, luce el mejor y más atrevido de los estilismos, quién enseña más o quién sugiere mejor.

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Lo que más me molesta de este linchamiento mediático a unas y otras presentadora no es, por supuesto que sean guapas y luzcan estupendas con vestidos de alta costura e intensa creatividad; sino que al final ese cuerpo, esa elegancia o la misma moda, quedan pisoteadas en una guerra de audiencias entre cadenas y con el cuerpo femenino, una vez más, utilizado como reclamo publicitario injustificado.

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El pecado no está en lucir el cuerpo, que cada una lo haga acorde a sus gustos y expectativas y según la ocasión, el pecado está en la burla y en una cierta utilización que queman esa piel y esa sonrisa en la hoguera de las vanidades.

 

De crisis y de volcanes

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Esta semana se cumplen 5 años de la erupción del volcán submarino de El Hierro: recuerdo aquellos días, y en eso coincido con muchos compañeros, como una de las experiencias más importantes de las que he desarrollado en mis años de profesión.

Si algo me enseñó la gestión de la comunicación de una emergencia como la de El Hierro (imprevisible y prolongada en el tiempo) es que, llegado el momento, es necesario controlar la información.

Ese control no es censura, es habilitar un sistema por el que las personas afectadas reciban en cada momento los datos disponibles y confirmados que les permitan seguir con su vida cotidiana.

De nada sirven suposiciones, teorías o posibilidades para quienes tienen que abandonar su casa por riesgo de incendio, inundación o erupción volcánica.

En nada contribuye,  por otra parte, la constante presencia en los medios de comunicacion de los responsables de la gestión si no hay nada nuevo que aportar: desvirtúa la realidad y genera una cierta ansiedad. A su vez surge lo que yo denomino el #síndromedelabodadelainfanta, que da nombre al conjunto de programas de televisión,  con retransmisiones en directo durante horas, informativos especiales etc.,  en el que los periodistas tiene que llegar a crear contenidos que llenen el espacio, generando una realidad que no es tal y convirtiendo la información en desinformación o mero entretenimiento.

Hoy….tenemos crisis de todo tipo, muchas de ellas políticas,  de gobiernos, de partidos… y veo que los criterios que podemos aplicar no deberían distar mucho de aquellos que pensamos para la crisis del volcán: información útil y cuando haya novedad…

Para lograr ese equilibrio es indispensable que, los profesionales de la comunicación, prioricemos la calidad a la cantidad de la información y nos permitamos observar, desde la perspectiva que da la templanza, cómo se desarrollan los acontecimientos y permanecer en silencio si así hiciera falta.

De esta manera nos aproximaremos más a la importancia real que merecen los hechos que son noticia, difundiéndolos con el número de intervenciones y portavoces necesarios.

Lo contrario nos empuja a supeditar la realidad a valoraciones apresuradas por la imperiosa necesidad de transmitir y/o estar presente en los medios, contribuyendo a incrementar la sensación de confusión que es propia de una situación de crisis.

La  comunicacion no es la única estrategia para solucionar una crisis pero sí podemos evitar que sea parte del problema, sea éste volcánico o de inestabilidad política.