El daño de los #PanamaPapers

 

Cuando salta un caso de corrupción yo solo veo como nuestros derechos y oportunidades se van mermando con el paso de los años mientras,  que otros, aprovechándose de nuestros sueños,  se enriquecen, establecen las reglas del juego y nos exprimen, cada día, un poquito más.

Esta situación no es nueva pero, tras la irrupción de la crisis, se ha hecho más visible y más dolorosa. Estamos hartos de todos los casos que aparecen un día sí y otro también, y miramos para los colegios, para los hospitales, para las colas del paro y pensamos ¿quién ha vivido por encima de sus posiblidades?

corrupcion

Ilustración de un vídeo del Banco Mundial sobre corrupción

El caso de los Papeles de Panamá es, para mí, uno más; uno más que incide en la miseria de quiénes no son responsables con sus compromisos, bien políticos o empresariales, y para cuyas acciones seguramente siempre habrá una excusa pero, no siempre, una explicación.

Si algo daña este caso, o cualquiera de los anteriores, es la confianza, aquella que pierde la sociedad en sus banqueros, empresarios o políticos, ejes claves en su desarrollo, frenado no solo por los millones evadidos sino también por la ruptura de ese lazo que los unía.

Sin confianza, sin reconocimiento a quiénes trabajan honradamente, a quiénes posibilitan que el sistema siga funcionando a pesar de todo, muchos pueden caer en la tentación de ponerse en las manos del “sálvese quién pueda” y aún peor, siguiendo a algún Robin Hood de tres al cuarto que al final nos llevará más al fondo… un poco más.

 

 

 

No hay nada más injusto que generalizar

Ante la repercusión mediática y política del caso Bárcenas, Rajoy ha dicho una frase con la que empiezo este post: No hay nada más injusto que generalizar”, por la corrupción añadía él y yo apunto “por todo”.

Vivimos en una sociedad en la que nos gusta poner títulos, calificativos y meter en el mismo saco a buenos, mediocres y malos, y además quedarnos satisfechos de esos juicios de valor.

Y, por supuesto, en estos tiempos de crisis no hay seres más dañinos para la sociedad que los políticos y los funcionarios. Defender el trabajo de unos y otros se está convirtiendo, tristemente, en una actividad incomprendida y “de riesgo”, aún cuando hay muchos trabajadores en la Administración Pública que se ganan su sueldo a pulso de horas y dedicación.

En nuestro sistema de valores, un poco cabeza abajo últimamente, el correcto funcionamiento de las cosas raramente ha sido noticia, sí lo ha sido lo contrario, lo considerado excepcional: la Sanidad colapsada, los políticos corruptos, los funcionarios vagos y la Iglesia pedófila y avariciosa…

el mundo al revés

Éste es el panorama con el que nos estamos levantando un día sí y otro también desde hace ya demasiado tiempo, lo excepcional se ha convertido en normalidad; por ello propongo volver a informar sobre lo cotidiano, sobre las cosas que funcionan bien  en las Administraciones, en los Hospitales, en La Iglesia; sobre las personas, con nombres y apellidos, que están dedicadas a su labor con responsabilidad y que la desarrollan con honradez y efectividad.

Propongo volver a informar sobre los perros que muerden a los hombres, no sobre aquellos hombres, pocos al final, que muerden a los perros.

Puede ser que así, tengamos la sensación de que algo cambia … ya sea por imitación o generalización, esta vez positiva.