El control de la información en una situación de crisis (#CharlieHebdo)

Es inevitable ponerse delante del ordenador tras los acontecimientos que están ocurriendo desde ayer en París.

El ataque al Charlie Hebdo y lo sucedido posteriormente han puesto en jaque a los dispositivos de seguridad de la capital francesa y con ellos los de media Europa, preocupada por la posible escalada de atentados terroristas en su territorio.

Esta crisis, como cualquier otra, ha tenido que gestionarse desde la dificultad que supone ser monitorizados por medio mundo a través de los medios de comunicación y los propios ciudadanos a través de las redes sociales.

La demanda informativa ha sido intensa y la ambición por conseguir el mejor titular o la mayor audiencia ha puesto en riesgo a ciudadanos, profesionales o no, que han querido estar demasiado cerca al lugar de los hechos, grabar la posición de los policías agazapados tras las cornisas, y han informado y desinformado sobre el número de muertos entre rehenes, terroristas y policías durante demasiados minutos. Como parte del espectáculo, una cadena de televisión ha contactado, en plena situación de caos y vidas en peligro, con uno de los atacantes del Charlie Hebdo (Chérif Kouachi) y con Amedy Coulibaly, que retenía a varias personas en el supermercado de Porte de Vincennes.

No todo vale en la Sociedad de la Información.

Cuando se sucede una crisis se debería intentar informar con la mesura que la situación demanda. No solo por evitar informar de manera errónea, que queda solucionado con la fe de erratas, sino porque una mala información o demasiada información puede dificultar el funcionamiento del dispositivo establecido, poner sobre aviso a los terroristas, o hacer que determinadas personas tomen decisiones equivocadas y con riesgo para su integridad.

Es imprescindible el control la información en una situación de crisis, no para ser opacos sino para ofrecer la información necesaria y ajustada a la realidad que merecen, en este caso, los parisinos, los vecinos del supermercado kosher, de la imprenta, los padres de los niños que tuvieron que ser evacuados de su colegio…

Este trabajo de valoración y cribado lo tienen que hacer las fuentes oficiales y también los medios. La excesiva información, y en ocasiones dispar, genera miedo y desconcierto precisamente en los momentos en los que hay que mantener la calma de manera más extrema.

No se trata de no informar, ni de callar, la disponibilidad del gabinete de comunicación debe ser total. Pero son sus responsables los que deben decidir sobre qué informar en base a la situación real que se está viviendo. Muchos profesionales de la comunicación ponen el énfasis en el riesgo que existe si no hay información oficial: el periodista se salta las barreras y busca los datos debajo de las piedras si hace falta; pero ello no debería desviar a un gabinete de crisis de su tarea de controlar y velar porque la información sea la adecuada en cada momento.

Aún así, la situación puede complicarse más. Si la información es falsa, errónea o contraproducente los gestores de la crisis tienen que detraer recursos de la resolución de la misma para solucionar los problemas que generan las desinformaciones, los bulos, los fakes… Por ello es tan importante la fuente oficial y las instituciones de referencia.

En nuestra era de la hiperconexión, las crisis y las emergencias deberían tener otras reglas de comunicación porque, insisto, el target principal lo forman todos aquellos que, de repente, encuentran su vida cotidiana up side down.

Un golpe de timón real

Después de dos años de fuerte crisis institucional en la Monarquía, el Rey ha cedido el testigo de la corona a su hijo Felipe. Sin duda un buen y revelador momento aunque se haya hecho con cierta prisa.

El sistema político de España, tras la transición, se ha basado en dos pilares principales la Monarquía y la representación política bipartita. Hoy, tras los resultados de las elecciones del 25 de mayo, no hay ninguno de ellos que no se tambalee y que pueda garantizar su propia continuidad.

El titular del discurso del Rey tras su abdicación es claro. Es necesario que pase a primera línea “una generación más joven, con nuevas energías, decidida a emprender las reformas”

Sin cambio no hay avance

Sin cambio no hay avance

Un relevo … ¿para que todo siga igual o para que se produzca un verdadero avance?

Bajo el reinado de Felipe VI, la monarquía tendrá que cambiar de rumbo para ser garante de la estabilidad del país, a la que no ha contribuido en los últimos años. No tengo duda que tendremos nuevo Rey en breve, pero no sé hasta qué punto el sistema se podrá mantener más allá.

Los partidos políticos, y con ellos las instituciones, tendrán que plantear la solución de los problemas que afectan a España desde la perspectiva de la gente, más estrechamente ligada a sus necesidades y carencias; reformando la Constitución si ello fortaleciera los vínculos que unen a España.  De otra forma, la soberanía dejaría de residir definitivamente en el pueblo.

Y si todo ello no se produce, no lamentaremos que partidos políticos de nuevo cuño irrumpan queriendo cambiar moldes, clichés y conductas viciadas; lamentaremos otro tipo de movimientos a los que el sistema, entonces demasiado arcaico, no podrä hacer frente.

No quisiera creer, que este anuncio, una semana después de las Elecciones Europeas, sólo sirva para hacer efectivo un relevo anunciado y para acallar esas voces disonantes con el status quo actual. Se habría perdido una oportunidad de oro para poner a punto este maltrecho país con un golpe de timón real.

 

De raza

Con el tiempo se van marchando personajes imprescindibles para entender la Historia de España de los últimos años. Es el caso, estos días, de Iñaki Azkuna, despedido  en su tierra; y de Adolfo Suárez, cuya lucha por la vida se mantiene en un Hospital de Madrid.

En la prensa de hoy han coincidido los perfiles políticos y personales de ambos, cuyos rasgos configuran la esencia de lo que pienso debe ser un político, o un candidato a serlo. Interesante reflexionar sobre la vida de uno y otro, desarrolladas en ámbitos muy distintos: municipal y estatal;  y sacar en síntesis un decálogo, muy personal, de los aspectos que deberían figurar en el currículo, en la mochila, de cualquier candidato.

Dicen de Iñaki Azkuna que era un hombres, serio, luchador y fiel a sus convicciones; que ejercía la política con coherencia, con cercanía y fiel a su vocación de servicio público.

De Adolfo Suárez destaca su talante conciliador, su simpatía y don de gentes;  ese carisma  y capacidad de seducción que conectó tan bien con aquella televisión todavía de blanco y negro.  La empatía y su capacidad de sacrificio completan un perfil político que forma parte indisoluble de la Historia de España.

De ellos, de su manera de hacer política, se puede establecer un decálogo, mi To do list, de las cualidades que como líderes deben tener los candidatos y representantes políticos  en esta nueva transición política y social en la que se ha convertido la crisis.

De raza

1. En primer lugar vocación. Aunque parezca obvia no lo es tanto porque ello no solo implica gusto por lo público, también supone servir, sacrificarse, formarse y comprometerse.

2.  Humildad. No tener miedo a decir “no lo sé” o “no es posible”.

3. Creer firmemente en lo que se defiende. Mejor sería defender intensamente lo que se cree… pero gobernar requiere en muchas ocasiones de pactos y acuerdos.

4. Ser conciliador y tener capacidad de negociación.

5. Imprescindible tener criterio y mantenerlo. La coherencia es el timón de cualquier actividad política. Como decía Napoleón “un pueblo se deja guiar cuando se le muestra un porvenir”, cuando sabe a dónde va.

6. Abordar las soluciones de los problemas a largo plazo, con perspectiva histórica y de futuro.

7. No tener miedo a los cambios si estos dan respuesta a la demanda mayoritaria de la sociedad.

8. Imprescindible la empatía con la sociedad que representa, por la que trabaja. Cercanía, comunicación directa en los casos que sea posible y tomar decisiones en base a la verdadera realidad.

9. Una equilibrada relación entre el ser y parecer. Aspectos que he desarrollado en otra entrada de este blog pero que se podrían resumir en la necesaria capacidad de un político de comunicar, de trasladar lo que es, lo que hace y saber enviar los mensajes adecuados a través de  los soportes idóneos.

10. Ser, en definitiva, un  candidato de raza para que, como en cualquiera de ellas, “sus caracteres diferenciales se perpetúen por herencia” y por imitación.

Mujer, política y futuro

Hace veinte años un joven tunecino me restregó en la cara su satisfacción porque las mujeres no gobernaban el mundo, si así fuera “le darían tantas vueltas a las cosas que no se avanzaría nunca”.

En estos días, y en torno a la celebración del Día de la Mujer Trabajadora, he podido encontrar varios los artículos y referencias a un nuevo papel que la mujer podría tener en política, en la toma de decisiones, dada la evidencia del fracaso del modelo actual, el estancamiento evidente y su inmovilismo.

En un vídeo elaborado por la Oficina de Información en España del Parlamento Europeo y la Comisión Europea, en el que se recogen testimonios de emprendedoras que se enfrentan a la crisis, se plantea que las mujeres abanderen el cambio social que la supere. Es necesario cambiar la perspectiva e introducir actitutes y aptitudes más propias de las mujeres que de los hombres para cambiar el sistema. Ver vídeo

Es cierto que hay mujeres en política, algunas con más éxito que otras, pero entiendo que el conflicto no es entre mujeres y hombres, sino entre lo masculino y lo femenino. Con toda probabilidad, la situación actual se deriva de aplicar demasiado pragmatismo, demasiadas matemáticas, relegando a un segundo plano al ser humano, sus sentimientos y su bienestar con la vista puesta en el progreso por el progreso. Un enfrentamiento entre los que algunos filósofos consideran la visión femenina, el sentido de la vida; y la visión masculina, la acción.

Decía Alessandro Manzoni que “no siempre aquello que viene después es progreso”, y estamos acostumbrados a relacionar progreso con dinero, y cuanto más y más inmediato mejor. ¿Qué sentido tiene? ¿Qué sentido ha tenido?

Hemos llegado a un punto en el que la actividad política, indispensable para solucionar los problemas y lograr el bienestar de los ciudadanos, está tan denigrada y desprestigiada por la acción de hombres y mujeres, que cambiar la tendencia es complicado.

En nombre de la Política, y también de la Democracia y de la Libertad, se ha ido a por más, sin saber muy bien para qué, lastrando día a día un sinfín de cosas importantes para el ser humano : amistad, salud, espiritualidad, naturaleza…  Sin ellas vivimos pero su carencia supone la aparición de insatisfacciones, estress, conflictos…

Por ello es necesario darle algo de calor y sentido a las decisiones que se toman en las instituciones, en las empresas, posiblemente “darle más vueltas a las cosas” y darle importancia a lo que de verdad la tiene. No concibo que las mujeres sustituyan a los hombres en la vida política. Entre todos debemos impulsar un nuevo concepto de hacer política con valores conjuntos que permita otro modelo de vida, que no sea ni masculino ni femenino pero que logre el equilibrio del ser humano.  Se trata de vivir pensando en el futuro que dejamos a nuestros hijos y parándonos a pensar si avanzar nos traerá un mañana que nos perjudica.

¡Se trata de vivir!

Sentada ante la pantalla del ordenador me disponía a escribir sobre el valor desmesurado que le damos al dinero, y así se iba a titular esta entrada. Pero gracias a Twitter me encontré con la sorprendente intervención del presidente de Uruguay, José Mújica, en la Cumbre de Desarrollo Sostenible Río +20.

Él lo dice todo pero me gustaría resaltar algo que comentamos todos los días, en las redes y en los bares, “la crisis de valores” nos ha traído la crisis económica que vivimos.

Le hemos dado demasiado valor al dinero sin pensar en las consecuencias de ponerlo por encima de cualquier otra consideración. Con ello hemos diluido, e incluso borrado, valores tan importantes como la dignidad, la coherencia, la amistad, el bienestar de los otros y del nuestro propio con un coste muy alto: morimos para poder vivir.

El dinero es necesario porque así lo hemos convertido. Pero como bien señalaba  Paco Álvarez en Salvados (la Sexta) “esa necesidad se crea en la infancia, en la que se relaciona éxito con el dinero”. Pero, ¿contribuye el dinero al bien común? Visto lo visto parece que no.

En la lucha por el poder y por el dinero se pone en riesgo la vida de muchas personas: guerras, contaminación, degradación del medio ambiente….¿Tenemos en cuenta, poderosos y simples ciudadanos,  que todos habitamos el mismo planeta, que todos compartimos esa franja de espacio que hay “entre el suelo y el cielo”, y que aquí tenemos que vivir en armonía?

Vivir es nuestro destino y compartir esa vida con los demás la mayor riqueza. Esto es algo que deberíamos tener siempre presente.