De crisis y de volcanes

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Esta semana se cumplen 5 años de la erupción del volcán submarino de El Hierro: recuerdo aquellos días, y en eso coincido con muchos compañeros, como una de las experiencias más importantes de las que he desarrollado en mis años de profesión.

Si algo me enseñó la gestión de la comunicación de una emergencia como la de El Hierro (imprevisible y prolongada en el tiempo) es que, llegado el momento, es necesario controlar la información.

Ese control no es censura, es habilitar un sistema por el que las personas afectadas reciban en cada momento los datos disponibles y confirmados que les permitan seguir con su vida cotidiana.

De nada sirven suposiciones, teorías o posibilidades para quienes tienen que abandonar su casa por riesgo de incendio, inundación o erupción volcánica.

En nada contribuye,  por otra parte, la constante presencia en los medios de comunicacion de los responsables de la gestión si no hay nada nuevo que aportar: desvirtúa la realidad y genera una cierta ansiedad. A su vez surge lo que yo denomino el #síndromedelabodadelainfanta, que da nombre al conjunto de programas de televisión,  con retransmisiones en directo durante horas, informativos especiales etc.,  en el que los periodistas tiene que llegar a crear contenidos que llenen el espacio, generando una realidad que no es tal y convirtiendo la información en desinformación o mero entretenimiento.

Hoy….tenemos crisis de todo tipo, muchas de ellas políticas,  de gobiernos, de partidos… y veo que los criterios que podemos aplicar no deberían distar mucho de aquellos que pensamos para la crisis del volcán: información útil y cuando haya novedad…

Para lograr ese equilibrio es indispensable que, los profesionales de la comunicación, prioricemos la calidad a la cantidad de la información y nos permitamos observar, desde la perspectiva que da la templanza, cómo se desarrollan los acontecimientos y permanecer en silencio si así hiciera falta.

De esta manera nos aproximaremos más a la importancia real que merecen los hechos que son noticia, difundiéndolos con el número de intervenciones y portavoces necesarios.

Lo contrario nos empuja a supeditar la realidad a valoraciones apresuradas por la imperiosa necesidad de transmitir y/o estar presente en los medios, contribuyendo a incrementar la sensación de confusión que es propia de una situación de crisis.

La  comunicacion no es la única estrategia para solucionar una crisis pero sí podemos evitar que sea parte del problema, sea éste volcánico o de inestabilidad política.

 

Isla Menor y Ley Electoral Canaria

Canarias desde la NASA

Cuando era chica, entiéndase por “más joven”, vivía en una isla menor, La Palma. Así se llamaban a las cinco islas que no eran capital de provincia en Canarias. Así que el Archipiélago tenía, además de La Palma, cuatro islas menores más: Lanzarote, La Gomera, El Hierro y Fuerteventura.

Hoy usamos un eufemismo, las islas no capitalinas, pero el concepto permanece: islas alejadas de muchas decisiones que les afectan, con insuficiente representación como territorios porque no tienen la población de las dos grandes, y con necesidades básicas no cubiertas.

Tras las elecciones del pasado 24 de mayo en Canarias, y fuera de ellas, no dejan de oírse voces contra la Ley Electoral. Una ley que nació para dar respuesta a un territorio particular, dentro del Estado español, y que concibe el equilibrio entre las dos provincias y las Islas con la triple paridad. De esta manera se eligen 30 diputados al Parlamento de Canarias por cada provincia, 15 por cada isla capitalina y 15 para el resto de las Islas, en cada provincia( 3 en El Hierro, 4 en La gomera, 7 en Fuerteventura y 8 en Lanzarote y La Palma). Total: 60 diputados.

Evidentemente cada diputado no accede a la cámara con el mismo número de votos porque depende de la Isla por la que se presenta: tiene que superar el tope insular, 30%, y el tope autonómico, 6%. La Ley es igual para todos pero, según la cita electoral que se trate, unos se ven más perjudicados que otros .

No siempre la población tiene que primar a la hora de tomar decisiones políticas, a la hora de diseñar políticas públicas. Un ejemplo claro sería comparar las infraestructuras que tenemos en Canarias para dos millones y medio de personas y las que pueden tener en cualquier zona del territorio peninsular.  Puertos, aeropuertos, hospitales, universidades,… Su presencia no obedece solo a criterios poblacionales. ¿Cuántos se llevarían las manos a la cabeza si alguien decidiera que, como somos tan pocos, no son necesarios tantas universidades, aeropuertos, tantos hospitales, tantos puertos, tantos colegios,…?

Y ese equilibrio entre personas y territorio, como el que se ha hecho con las infraestructuras, es el que sustenta la triple paridad de nuestro sistema electoral: garantizar la representatividad de todos los territorios para contribuir que la doble insularidad no termine de hundir a las islas menores en el mar que las rodea.

Porque está claro que vivir en La Palma o en El Hierro tiene sus dificultades: acceso a la sanidad, a la educación superior, al desarrollo económico, a la cultura…

Si resulta que la propuesta que defienden algunos partidos políticos es que todavía menos personas representen la mayoría del territorio canario podríamos empezar a tener problemas en las decisiones que les afecten, inclinándose la balanza hacia las Islas en las que viven más personas que, por la propia organización administrativa y económica, ya disfrutan de muchas otras ventajas en el acceso a la sanidad, a la educación superior, al desarrollo económico, a la cultura…

Es indudable que la Ley Electoral Canaria merece un cambio pero desde la reflexión de lo que somos y de lo que queremos proteger.

 

La doble vara

La sociedad, y cualquiera de nosotros como parte de ella, tiene una doble vara de medir los acontecimientos según pertenezcan al ámbito público o privado, y según estos tengan o no repercusión en los medios de comunicación o redes sociales.

Como ejemplo de que cualquier situación vista desde dentro tiene un cariz distinto al que se percibe desde fuera, podemos mencionar el clima pre-electoral que estamos viviendo en España desde hace meses, también en Canarias, caracterizado por primarias, debates sobre posibles candidatos y también por sólidos cierres de filas e indefinición de estrategia.

Los que apuestan por la diferencia, por el debate público tienen mucho en contra. Aparentemente vivimos en democracia y deberíamos considerar de una manera más natural y sosegada la divergencia  y  la crítica constructiva, así como las diferentes alternativas que dentro de una misma organización puedan presentarse por una razón muy simple: la enriquecen y la mejoran.

Pero la sociedad no acepta fácilmente el conflicto, aunque sea sano. ¿Por qué vemos con mejores ojos aquellas organizaciones en las que no se oye una opinión disonante, aunque las haya, y  en la que no se reflejan críticas ni alternativas diferentes?

Cualquiera apostaría, rápido y de boquilla,  por un sistema democrático de decisiones consesuadas o al menos debatidas, que haga valer cada opinión antes que un sistema autoritario y de imposición. Lamentablemente desde el punto de vista mediático la balanza se inclina  a favor del criterio único, del mensaje uniforme y del líder indiscutido.

Esta situación, esta doble vara de medir, es consecuencia de vivir cara a la galería sin un mensaje claro y cercano, al estilo de cualquier familia que no lava sus trapos sucios en público y sonríe feliz cada vez que sale a la calle. Cuando las discusiones se oyen desde la plaza el vecino dice: los Gómez tienen un problema. Y no es un problema, lo raro sería que no hubiera una discusión, que no podamos decir “tengo un problema y quiero buscar la solución” y que nos refugiemos en climas de falsa calma para fingir un “todo va bien”.

Cierto es que para poder entender bien todos esos procesos de debate sería necesario más transparencia, más sinceridad, más cercanía de las organizaciones al sentir de los ciudadanos. Pero… ¿estamos cómo ciudadanos preparados para esa transparencia? ¿Sabríamos procesarla?

Comunicación, cariño, responsabilidad…y resiliencia

En estas dos últimas semanas he tenido la oportunidad de asistir a un Congreso de Protección Civil y Atención a las Emergencias  en la  Macaronesia, en el que presenté la estructura y los criterios de la gestión de la Comunicación en Emergencias en el Gobierno de Canarias; y a los Diálogos Internacionales sobre cómo desarrollar la resiliencia ante los desastres en las Islas Canarias (UNIDSR, FECAM y ULL)  que concluyeron con el compromiso de todas las Administraciones públicas de convertir a Canarias en siete islas resilientes.

En ambos foros se habló mucho de Comunicación: sin duda es una pieza angular a la hora de trasladar a la población la cultura de la prevención,  las decisiones de protección civil y los aspectos formativos que nos permitan conocer la evolución de las situaciones adversas y poder hacerles frente, en un primer momento, desde la autoprotección individual.

Tras la vertiginosa velocidad en la que nos vemos zambullidos en cuanto a comunicación se refiere, en la que las redes sociales juegan un doble papel de utilidad y riesgo, uno de los ponentes en el Congreso, Miguel Hernández de Radio Nacional de España en Canarias, hablaba de no olvidar el cariño a la hora de gestionar la comunicación, a la hora de gestionar una emergencia,

¡El cariño es tan necesario! Y cuando hablo de cariño, hablo de respeto, hablo de poner al ser humano, dada su vulnerabilidad, en el centro de la planificación, en el objetivo de la comunicación…

Aún siendo vulnerables, podemos sobreponernos, y de ello se ha hablado mucho en los Diálogos Internacionales. La palabra mágica ha sido resiliencia:  podemos afrontar con fortaleza nuestras debilidades, podemos plantear soluciones a los problemas, podemos utilizar la imaginación para conseguir una integración mayor en nuestro territorio de residencia; pero para conseguirlo necesitamos cariño, respeto, acuerdo…

Por ello me ha emocionado especialmente ver esta mañana, en Santa Cruz de Tenerife, a la mayoría de las instituciones públicas canarias, sin diferencias de color político, unir sus firmas para seguir consolidando un sistema de protección civil resiliente que esté basado en la prevención, en el cariño y respeto por nuestro entorno, en la responsabilidad de los gestores públicos y en la transmisión a los ciudadanos canarios y a quienes nos visitan de cuáles son nuestras fortalezas y cuáles son las oportunidades que podemos convertir en fortalezas.

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Foto de familia (ULL). Cabildo de Tenerife, Universidad de La Laguna, Gobierno de Canarias, Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, Federación Canaria de Municipios y Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.

Es un trabajo apasionante que tendrá éxito con una adecuada comunicación, con respeto mutuo por parte de los implicados, empezando por la sociedad y siguiendo por sus instituciones, y actuando con la responsabilidad y el deseo de unas islas más capaces y mejor preparadas.

¡Enhorabuena!

 

 

En emergencias: Informar y formar

Esta semana participé en el Taller de Comunicación de @LuisSerranoR que organizaron en Gran Canaria en el marco de las Jornadas Técnicas Insulares de Protección Civil y Emergencias (#JTPCE).

Como responsable de Comunicación de la Dirección General de Seguridad y Emergencias hice una presentación sobre cómo se organiza la comunicación cuando se eleva el nivel de gravedad a 2, esto quiere decir, cuando una emergencia pasa a ser gestionada por la Comunidad Autónoma.

Independientemente de los planes y protocolos existentes que establecen claramente que la comunicación corresponde a quién ostente la dirección del plan, hay unas apreciaciones sobre la forma de comunicar los aspectos de la emergencia que creo deberíamos tener en cuenta todos: intervinientes, instituciones, sociedad, periodistas…

La comunicación en emergencias debe dirigirse en primer lugar a las personas más directamente afectadas y con un objetivo doble: informar y formar.

  • Informar a todas y cada una de las personas afectadas por la circunstancias que se estén desarrollando: incendio, fenómeno meteorológico, etc. para que puedan saber a qué atenerse y si es posible, continuar con su vida cotidiana, evitando riesgos innecesarios así como estar informados sobre la previsión a corto plazo.
  • Formar para conocer los riesgos, para aprender a convivir con ellos, para conocer que el riesgo cero no existe y para ejercer  la responsabilidad que tenemos cada uno como ser humano en nuestra propia autoprotección, primer eslabón de cualquier sistema de protección civil. Para que esta formación sea efectiva es importante la acción previa, los planes de autoprotección en centros e instituciones públicos, la difusión de consejos, los simulacros, etc.

En este proceso es imprescindible que los mensajes se emitan a través de un portavoz único y más importante aún, que el argumento sea único. Esta uniformidad no es censura: permite generar confianza en los ciudadanos afectados y evita la propagación de bulos al dar información útil, necesaria y contrastada.  No hay nada que interfiera más en la gestión de una emergencia que tener que desmentir información y suposiciones. Si tenemos una sociedad vulnerable no podemos aumentar su ansiedad con versiones y opiniones de todo tipo.

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Las redes sociales adquieren una gran protagonismo y mayor utilidad. Hay que estar presentes de manera oficial e institucional porque hoy en día la mayoría de las personas acceden a través de la red a informaciones  que pueden desconcertar y alarmar sin necesidad. Como instituciones debemos contrarrestar la información falsa de inmediato, como periodistas debemos contrastar, como sociedad debemos buscar la fuente oficial.

En España se han creado, a semejanza de otros países, las redes de voluntarios digitales. En estos momentos existe @vostSPAIN con presencia en las Comunidades Autónomas; en Canarias contamos con @VOSTcanarias. Es de agradecer que la propia sociedad  se organice para dar consistencia a los mensajes oficiales y no dar pábulo ni difusión a informaciones malintencionadas en las situaciones más vulnerables que podemos padecer: las emergencias.