Spotlight o la voluntad de ser periodista

Por fin vi Spotlight. Me pareció una gran película; bien hecha, bien hilada y que destaca el valor que la profesión periodística llega a tener al sacar a la luz uno de los comportamientos más repugnantes de los que hemos podido ser testigos: los numerosos abusos sexuales impunes por parte del clero, en Boston, y en el mundo.

Sin dejar de reconocer la función social que nos transmite Spotlight, a mí la película me dice algo más: en las primeras escenas un nuevo director llega al Boston Globe con la preocupación de la disminución de lectores; éste es el punto de arranque de una conversación que concluye apostando “por convertir el periódico en el que la gente necesita”.

Posteriormente, se inicia la investigación que centra la película, pero no me queda claro cuál es el motivo por el que se da el paso, ¿personal, empresarial o de servicio social? La personalidad del director es determinante: alguien nuevo que no forma parte de la comunidad, sin los prejuicios de quienes se acomodan a ella y que, dada su condición de judío, no tiene las cortapisas subjetivas de quienes han vivido, de una u otra manera, bajo la influencia de la Iglesia Católica en la ciudad.

Por otra parte, se define claramente la necesidad de vender más ejemplares, y “solo venderemos más si le damos a la gente algo que necesita”, ¿qué es primero?  ¿La voluntad de denunciar o retratar, o la necesidad de recaudar? Hoy miles de periodistas trabajan en esa contradicción empresa-información que en ocasiones impulsa investigaciones y, en otras, las esconde en el cajón; las razones múltiples y variadas: anunciantes, política, influencias…etc.

Spotlight

Spotlight

A veces hacen faltas las herramientas, los medios y las circunstancias adecuadas para que los periodistas puedan hacer, más que un buen trabajo, un trabajo de justicia; y eso les pasó a  Rezendes, Robby, Sacha y Matt, que dudaron si comenzar la investigación, pero una vez que la iniciaron y contaron con el apoyo de su empresa, trabajaron hasta las últimas consecuencias: por las víctimas, por sus lectores y por ellos mismos, parte fundamental de la sociedad a la que pertenecen.

Y aquí reside mi esperanza en el Periodismo, en la voluntad que se despierta un día en cualquier redactor, locutor o reportero, que es capaz de poner de lado los informes, las estadísticas y la información fácil y meterse de lleno en una investigación que no sabe cómo terminará, pero considera que es justa y la merece su profesión y su audiencia.

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20 años no son nada, ¿o sí?

20 años pueden ser un suspiro o toda una vida.

Ésta es la sensación que experimenté ayer en un grato encuentro con una amiga, compañera de profesión y Universidad, al ver que el tiempo no se había “ensañado” con nosotras.

Hace 20 años que acabamos nuestros estudios de Periodismo en la Universidad de Navarra, donde compartimos más que aulas. En esa fecha,  tuvimos que tomar la decisión sobre qué rumbo tomar en el ámbito del Periodismo,  o de la Comunicación.

FCOM en la actualidad. Fotografía Ángela Paloma Martín @anpamar

FCOM en la actualidad. Fotografía Ángela Paloma Martín @anpamar

En aquel tiempo, muchos de los que salíamos de la Uni pensábamos que la mejor forma de honrar a nuestra vocación, y a los cinco años que dedicamos a formarnos, era bregarnos en los medios tradicionales. Internet quedaba un poco lejos y queríamos poner en práctica aquello que habíamos aprendido en donde fuera: radio, televisión, prensa. No sólo los contenidos de las asignaturas más técnicas, sino también las ideas de aquellas más “humanísticas” y que nos hablaban del ser humano y del sentido y que estuvieron muy presentes en nuestros años de campus: ética, deontología, sociología, …etc.

Otros querían, con el mismo espíritu, seguir investigando en la Comunicación, con mayúsculas, y formar a las generaciones siguientes ¡Cuánta responsabilidad!

Pasados 20 años, toda una vida, la profesión se ha venido abajo poco a poco y es, en estos momentos, cuando todos aquellos valores sobre nuestra responsabilidad social como comunicadores  toman mayor sentido, toman un cariz nuevo.

Y nosotros, los de hace 20 años, intentamos aplicar ese espíritu y no sólo en los medios, también desde los gabinetes, desde los departamentos universitarios, desde las actividades empresariales de todo tipo, desde la infografía, desde la cultura, desde la moda, desde la política… Seguimos siendo comunicadores y somo conscientes de la responsabilidad que ello conlleva.

Ver a mi amiga me llevó en un segundo a Zizur Menor, al Edificio Central y a San Nicolás (pasando por Fuente del Hierro y Esquiroz). Ver mi profesión, la nuestra, con la perspectiva de 20 años me lleva a un largo proceso que la ha convertido en un Do it yourself que no podíamos preveer entonces pero para el que, sin saberlo, ya estábamos preparados.

Universidad de Navarra. www.unav.es

Universidad de Navarra. http://www.unav.es

Y a ello contribuyó, además de los contenidos universitarios, la intensa convivencia  que tuvimos la suerte de disfrutar con personas tan diferentes y dispares:  hizo de nosotros personas con ambición de mejora, con espíritu crítico (a no dar nada por sentado) y con una flexibilidad que, en estos tiempos, resulta indispensable.

Va por ti, Susana, y por todos los que somos FCOM’93. ¡Feliz 20 anivesario!

No hay nada más injusto que generalizar

Ante la repercusión mediática y política del caso Bárcenas, Rajoy ha dicho una frase con la que empiezo este post: No hay nada más injusto que generalizar”, por la corrupción añadía él y yo apunto “por todo”.

Vivimos en una sociedad en la que nos gusta poner títulos, calificativos y meter en el mismo saco a buenos, mediocres y malos, y además quedarnos satisfechos de esos juicios de valor.

Y, por supuesto, en estos tiempos de crisis no hay seres más dañinos para la sociedad que los políticos y los funcionarios. Defender el trabajo de unos y otros se está convirtiendo, tristemente, en una actividad incomprendida y “de riesgo”, aún cuando hay muchos trabajadores en la Administración Pública que se ganan su sueldo a pulso de horas y dedicación.

En nuestro sistema de valores, un poco cabeza abajo últimamente, el correcto funcionamiento de las cosas raramente ha sido noticia, sí lo ha sido lo contrario, lo considerado excepcional: la Sanidad colapsada, los políticos corruptos, los funcionarios vagos y la Iglesia pedófila y avariciosa…

el mundo al revés

Éste es el panorama con el que nos estamos levantando un día sí y otro también desde hace ya demasiado tiempo, lo excepcional se ha convertido en normalidad; por ello propongo volver a informar sobre lo cotidiano, sobre las cosas que funcionan bien  en las Administraciones, en los Hospitales, en La Iglesia; sobre las personas, con nombres y apellidos, que están dedicadas a su labor con responsabilidad y que la desarrollan con honradez y efectividad.

Propongo volver a informar sobre los perros que muerden a los hombres, no sobre aquellos hombres, pocos al final, que muerden a los perros.

Puede ser que así, tengamos la sensación de que algo cambia … ya sea por imitación o generalización, esta vez positiva.

¿Y qué puedo hacer yo?

Llevo varios días pensando en la famosa frase de John F. Kennedy “No te preguntes lo que tu país puede hacer por ti, pregúntate lo que tú puedes hacer por tu país”.

Ante la inviabilidad del Estado del Bienestar que disfrutábamos y la desazón que ello genera pensar en qué podemos hacer cada uno pone el acento en nosotros como personas y como ciudadanos, en mi libertad y mi capacidad de decisión. Posiblemente esa “libertad” y esa “decisión” no nos garantiza arribar a puerto amistoso pero, ante la merma de créditos, de empleo, de servicios públicos, de recursos… tenemos dos caminos: desesperarnos y cegarnos en el rencor de aquellos que “hicieron esto” o hacer un examen de conciencia reconocer nuestros propios errores, asumir nuestra responsabilidad si la hubiera y avanzar en nuestro pequeño entorno, con aquello que podemos afrontar y lo que podemos aportar a los demás, ya sea una sonrisa.

Esto es válido también para nuestro desarrollo profesional, cualquiera que sea nuestra actividad. En el día que miles de compañeros hemos defendido nuestra profesión, la de periodista, de los ataques empresariales, políticos y mediáticos, he podido leer críticas muy constructivas sobre lo que debemos ser. Cada uno en su ámbito, cada uno en su responsabilidad, ahora toca ser más honesto, más activo, más objetivo y más versátil que nunca… Creo que todo ello es necesario para avanzar como profesionales y como ciudadanos, pero debemos empezar por nosotros mismos.

Si algo necesitamos como comunidad y sociedad activa es un poco de luz y razón. También a través de los medios de comunicación, que pueden ser un referente en tiempos de crisis por tener mayor capacidad de interpretar la realidad y de aportar claves para el debate o para la reflexión personal. En este proceso los verdaderos protagonistas son los periodistas que, además, deben defender su actividad con uñas y dientes en un panorama desalentador.

Desde la serenidad que da el respeto a la profesión y la veracidad que el periodista se debe exigir, se contribuye a garantizar el derecho a la información que tenemos todos en unas circunstancias en las que se hace especialmente necesario.