Defiende tu sombrero

Defiende tu sombrero por ridículo que parezca. Con esta frase grabada a fuego me quedé tras disfrutar del espectáculo de Asier Etxeandia, El Intérprete, el año pasado. Estos días vuelve a Canarias para representar, en algunos de sus teatros, el proceso intelectual, vital y musical que padece y experimenta un niño diferente para convertirse en alguien único, irrepetible y que consigue mostrarse tal cual es, sin complejos ni limitaciones.

loffit-asier-etxeandia-es-el-interprete-01

El sombrero de Asier Exteandia

Ayer moría Pedro Zerolo y los mensajes que recogían las redes sociales, los medios de comunicación, los articulistas, y sus amigos, coincidían en el valor de su lucha por el colectivo LGTB,  de su lucha por la igualdad. Hoy reconocido, Zerolo tuvo que sufrir muchas incomprensiones y dificultades para finalmente conseguir ser quién realmente era y defender el modelo de sociedad en el que quería vivir.

1401321025_740215_0000000000_noticia_normal

Pedro Zerolo. MARÇAL SARRATS

Hoy, y con la perspectiva de los años,  no puedo sino mirar al niño de El Intérprete y a Pedro Zerolo, como a todos los que se pueden ver reflejados, y admirarlos por ponerse la vida “por sombrero” y adentrarse en la lucha de ser ellos mismos; no solo por defender lo que creen sino también aquello que son, que sienten, que quieren, que aman… Nadie tendría que luchar por aquello que es porque ¿dónde está escrita la verdad?, ¿dónde está escrita la razón de la felicidad?

Nunca quise rechazar a los que la sociedad catalogaba como diferentes por cualquier razón,  posiblemente porque en cierto sentido yo no era “del lugar común” en el entorno en el que crecí, pero sí reconozco que, influenciada por ese entorno, mostraba cierta sorpresa y reticencia ante los más excéntricos por sus ropas, por sus costumbres, por su forma de vida…

Hoy pienso en ellos y les reconozco su valor, su fortaleza, sus ganas de ser, independientemente de los cuchicheos tras las puertas y ventanas. ¡Qué fácil es ser uno mismo en el anonimato de una gran ciudad!, pero ¡qué valor tiene ser tú en una calle Mayor de un pueblo cualquiera!

Defender tu sombrero por rídiculo que parezca. Es el tuyo y el que mejor te va a quedar. Y esto me lleva a la imagen de las refugiadas sirias sacándose el peso físico y emocional que supone un burka que reprime su verdadera identidad.

¿Cuánto tenemos que soltar, y cuán dispuestos estamos, para ser quienes somos?

By @JackShahine&@servankobane

By @JackShahine & @servankobane

Anuncios

Comunicación, cariño, responsabilidad…y resiliencia

En estas dos últimas semanas he tenido la oportunidad de asistir a un Congreso de Protección Civil y Atención a las Emergencias  en la  Macaronesia, en el que presenté la estructura y los criterios de la gestión de la Comunicación en Emergencias en el Gobierno de Canarias; y a los Diálogos Internacionales sobre cómo desarrollar la resiliencia ante los desastres en las Islas Canarias (UNIDSR, FECAM y ULL)  que concluyeron con el compromiso de todas las Administraciones públicas de convertir a Canarias en siete islas resilientes.

En ambos foros se habló mucho de Comunicación: sin duda es una pieza angular a la hora de trasladar a la población la cultura de la prevención,  las decisiones de protección civil y los aspectos formativos que nos permitan conocer la evolución de las situaciones adversas y poder hacerles frente, en un primer momento, desde la autoprotección individual.

Tras la vertiginosa velocidad en la que nos vemos zambullidos en cuanto a comunicación se refiere, en la que las redes sociales juegan un doble papel de utilidad y riesgo, uno de los ponentes en el Congreso, Miguel Hernández de Radio Nacional de España en Canarias, hablaba de no olvidar el cariño a la hora de gestionar la comunicación, a la hora de gestionar una emergencia,

¡El cariño es tan necesario! Y cuando hablo de cariño, hablo de respeto, hablo de poner al ser humano, dada su vulnerabilidad, en el centro de la planificación, en el objetivo de la comunicación…

Aún siendo vulnerables, podemos sobreponernos, y de ello se ha hablado mucho en los Diálogos Internacionales. La palabra mágica ha sido resiliencia:  podemos afrontar con fortaleza nuestras debilidades, podemos plantear soluciones a los problemas, podemos utilizar la imaginación para conseguir una integración mayor en nuestro territorio de residencia; pero para conseguirlo necesitamos cariño, respeto, acuerdo…

Por ello me ha emocionado especialmente ver esta mañana, en Santa Cruz de Tenerife, a la mayoría de las instituciones públicas canarias, sin diferencias de color político, unir sus firmas para seguir consolidando un sistema de protección civil resiliente que esté basado en la prevención, en el cariño y respeto por nuestro entorno, en la responsabilidad de los gestores públicos y en la transmisión a los ciudadanos canarios y a quienes nos visitan de cuáles son nuestras fortalezas y cuáles son las oportunidades que podemos convertir en fortalezas.

Imagen

Foto de familia (ULL). Cabildo de Tenerife, Universidad de La Laguna, Gobierno de Canarias, Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, Federación Canaria de Municipios y Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.

Es un trabajo apasionante que tendrá éxito con una adecuada comunicación, con respeto mutuo por parte de los implicados, empezando por la sociedad y siguiendo por sus instituciones, y actuando con la responsabilidad y el deseo de unas islas más capaces y mejor preparadas.

¡Enhorabuena!

 

 

Educación contra cualquier violencia de género

En estos días hemos conocido un informe en el que se pone de manifiesto la cantidad de mujeres que en Europa sufren en su piel violencia de género y agresiones sexuales. Se destaca que “en torno al 12 % de las encuestadas indicaron que habían experimentado alguna forma de agresión o  incidente sexual por parte de un adulto antes de los 15 años de edad”.  Me parece llamativo ese dato que refleja la agresión a las niñas, a las menores de edad, y que en la mayoría de los casos quedan impunes, por miedo a contarlo en casa, a denunciarlo.

Por ello no es extraña otra de las conclusiones de ese estudio, que cuantifica en un 53% las mujeres europeas que procuran evitar ciertos lugares o situaciones por temor a ser víctimas de agresiones físicas o sexuales, en contraposición a la escasa preocupación masculina.

Es paradójico, además, que Suecia tenga un porcentaje mucho mayor que Italia y España de mujeres que sufren violencia física y/o sexual por parte de su pareja desde los 15 años de edad.

Mujeres que sufren violencia física y/o sexual por parte de su pareja desde los 15años de edad.

Datos, datos, datos que lo que siguen evidenciando la falta de normalización de las relaciones entre sexos, independientemente de la nacionalidad, de la edad, de la clase social. Sin entrar a valorar el número, la proporción, la preocupación mayor o menor de las personas y los gobiernos por este asunto, me pregunto cómo se puede conseguir una relación igualitaria entre hombres y mujeres.

Y siempre me encuentro con la respuesta comodín,¡ contesta a tantas preguntas!: educación. A ella añadiríamos roles comunes, respeto, autoridad proporcionada, falta de sumisión y reconocimiento del otro y de la otra.

Educar en paridad, en responsabilidad, no sólo hace personas más cabales también hombres y mujeres que saben decir que no, que saben donde está el límite y que la autoridad se gana a base de respeto no a base de golpes ni humillaciones.

Soy de las que piensa que la violencia de género se da en los dos sentidos, del hombre a la mujer, y de la mujer al hombre, pero el peso de los siglos en los que la autoridad desproporcionada y el descarte de la mujer ha sido lo habitual, unido a la comercialización del sexo, empujan a algunos hombres a perder el control y exagerar ese deseo de posesión y de dominación hasta trágicas consecuencias.

No quiero ni mucho menos que se dé la vuelta a la tortilla, y que ahora donde estaban los hombres ahora se pongan las mujeres, me gustaría que fuéramos realmente paritarios, cada sexo con su entidad propia, o con la entidad que cada uno tenga,  y que desde la niñez se eduque en el respeto a lo que “es” el otro.

Miro a mis hijos y pienso en qué modelo de mujer y hombre les transmite esta sociedad. Creo que hoy, las mujeres, al menos las de mi entorno social y cultural, luchan, trabajan, educan e intentan disfrutar de la vida aunque siempre en un paso por detrás de los hombres en cuanto a promoción profesional se refiere.

Si éste es el rol socialmente aceptado, todavía hoy, mañana será el mismo. Mientras permitamos que alguien nos marque el camino, o que ese alguien siempre tenga la última palabra, nuestros hijos serán más autoritarios y nuestras hijas más sumisas, o viceversa, que de todo hay.

Depende de nosotros.

 

Tecnología y Emergencias

La semana pasada asistí a una jornada organizada por @112canarias sobre los nuevos retos que se presentan a los responsables de protección civil para proteger los servicios esenciales ante las emergencias originadas por incidencias en la tecnología; así como gestionar estas nuevas emergencias

Sin duda, el desarrollo tecnológico está configurando una forma de vivir en la que  gran parte de  nuestro porvenir está en manos de redes, sistemas informáticos, centrales de energía. Todo ello para hacernos la vida más fácil, pero por lo que podemos pagar un precio muy alto si no da la respuesta para la que esos sistemas han sido concebidos: satisfacer las necesidades derivadas del uso de la luz, del agua, de las comunicaciones…

Dada la imparable y creciente presencia y dependencia de la tecnología en nuestra vida diaria, debemos empezar a abordar cómo hacerle frente, cómo contrarrestarla cuando se pueda venir en contra, bien sea por un fallo como por un ataque intencionado. No debemos perder nuestra capacidad de acción y reacción como seres humanos.

Digo esto porque percibo que esas capacidades las estamos perdiendo al empeñarnos en poner en manos de terceros muchas decisiones, entre ellas  nuestra propia seguridad, nuestra propia autoprotección… Si así lo hacemos en una emergencia de corte tradicional, generadas por fenómenos naturales, como no ante cualquiera de estas nuevas, derivadas de apagones, ataques informáticos, etc.

Uno de los argumentos más consensuados ese día fue la necesidad del uso responsable de la tecnología y la educación y/o formación.  Un vértice que resulta fundamental para cuando llegue el momento en el que se abra el ángulo de la complejidad de nuestra relación con las redes, con las empresas en red y con los servicios en red.

Está todo por definir, se están dando los primeros pasos para protegernos y saber defender el estatus en un escenario que ya no resulta de ciencia ficción, pero una vez más empieza en nosotros el camino y esta vez para poder hacer frente a las incidencias tecnológicas  y contribuir así a minimizar sus efectos.

Por ellos

Empiezo esta entrada con lo que acabé la anterior, con los niños, con nuestros hijos. En las últimas semanas le he dado algunas vueltas a como evitar “hacer una tragedia” sobre la inseguridad que la crisis nos genera pero sin alejarlos excesivamente de la realidad con la que tienen que aprender a convivir.

Precisamente, esta mañana, he leído un reportaje en ABC  sobre la oportunidad que ofrece la crisis para entrenar a los hijos en la cultura del ahorro. Siendo necesaria creo que debemos ir más allá, porque el dinero es un problema circunstancial. La sobreprotección de nosotros, los padres, es más negativa para el desarrollo de los menores que los ajustes económicos. Miro a mis hijos y me pregunto si la cómoda burbuja en la que viven les permitirá ser como ellos quieran ser y hacer lo que se propongan en su vida.

La responsabilidad es nuestra, y estamos tocados. En uno de los comentarios dejados en este blog, se hablaba de nuestra generación, la de los 70, año arriba año abajo, como una generación muerta a la que el sistema, o nosotros mismos, le ha privado de esperanza. Es cierto que nos educaron para un mundo que está pasando a la Historia, pero consciente de ello me resisto a dar la batalla por perdida, especialmente por ellos.

Estoy convencida de que todavía tenemos la responsabilidad de enmendar, de cambiar nuestras prioridades, conseguir ser ejemplo y transmitirles la importancia de ser flexibles, de ser capaces de resolver conflictos, de desarrollar la imaginación y de encontrar siempre una vía por la que canalizar la frustración.  En definitiva de adaptarnos a las nuevas circunstancias, sean las que sean.

Para conseguirlo no creo que haya que aplicar los duros métodos propuestos por Amy Chua, , pero sí enseñarles un camino por el que avanzar solos, desde bien pequeños, aunque sea de una manera guiada. Para ello podríamos tener presente grandes virtudes como las que glosaba Natalia Ginzburg, en una época convulsa como la segunda postguerra : “generosidad, coraje, franqueza, amor al prójimo y deseo de ser y de saber”.

No es una tarea fácil pero en estos tiempos me parece imprescindible, al menos, intentarlo.