De raza

Con el tiempo se van marchando personajes imprescindibles para entender la Historia de España de los últimos años. Es el caso, estos días, de Iñaki Azkuna, despedido  en su tierra; y de Adolfo Suárez, cuya lucha por la vida se mantiene en un Hospital de Madrid.

En la prensa de hoy han coincidido los perfiles políticos y personales de ambos, cuyos rasgos configuran la esencia de lo que pienso debe ser un político, o un candidato a serlo. Interesante reflexionar sobre la vida de uno y otro, desarrolladas en ámbitos muy distintos: municipal y estatal;  y sacar en síntesis un decálogo, muy personal, de los aspectos que deberían figurar en el currículo, en la mochila, de cualquier candidato.

Dicen de Iñaki Azkuna que era un hombres, serio, luchador y fiel a sus convicciones; que ejercía la política con coherencia, con cercanía y fiel a su vocación de servicio público.

De Adolfo Suárez destaca su talante conciliador, su simpatía y don de gentes;  ese carisma  y capacidad de seducción que conectó tan bien con aquella televisión todavía de blanco y negro.  La empatía y su capacidad de sacrificio completan un perfil político que forma parte indisoluble de la Historia de España.

De ellos, de su manera de hacer política, se puede establecer un decálogo, mi To do list, de las cualidades que como líderes deben tener los candidatos y representantes políticos  en esta nueva transición política y social en la que se ha convertido la crisis.

De raza

1. En primer lugar vocación. Aunque parezca obvia no lo es tanto porque ello no solo implica gusto por lo público, también supone servir, sacrificarse, formarse y comprometerse.

2.  Humildad. No tener miedo a decir “no lo sé” o “no es posible”.

3. Creer firmemente en lo que se defiende. Mejor sería defender intensamente lo que se cree… pero gobernar requiere en muchas ocasiones de pactos y acuerdos.

4. Ser conciliador y tener capacidad de negociación.

5. Imprescindible tener criterio y mantenerlo. La coherencia es el timón de cualquier actividad política. Como decía Napoleón “un pueblo se deja guiar cuando se le muestra un porvenir”, cuando sabe a dónde va.

6. Abordar las soluciones de los problemas a largo plazo, con perspectiva histórica y de futuro.

7. No tener miedo a los cambios si estos dan respuesta a la demanda mayoritaria de la sociedad.

8. Imprescindible la empatía con la sociedad que representa, por la que trabaja. Cercanía, comunicación directa en los casos que sea posible y tomar decisiones en base a la verdadera realidad.

9. Una equilibrada relación entre el ser y parecer. Aspectos que he desarrollado en otra entrada de este blog pero que se podrían resumir en la necesaria capacidad de un político de comunicar, de trasladar lo que es, lo que hace y saber enviar los mensajes adecuados a través de  los soportes idóneos.

10. Ser, en definitiva, un  candidato de raza para que, como en cualquiera de ellas, “sus caracteres diferenciales se perpetúen por herencia” y por imitación.

En emergencias: Informar y formar

Esta semana participé en el Taller de Comunicación de @LuisSerranoR que organizaron en Gran Canaria en el marco de las Jornadas Técnicas Insulares de Protección Civil y Emergencias (#JTPCE).

Como responsable de Comunicación de la Dirección General de Seguridad y Emergencias hice una presentación sobre cómo se organiza la comunicación cuando se eleva el nivel de gravedad a 2, esto quiere decir, cuando una emergencia pasa a ser gestionada por la Comunidad Autónoma.

Independientemente de los planes y protocolos existentes que establecen claramente que la comunicación corresponde a quién ostente la dirección del plan, hay unas apreciaciones sobre la forma de comunicar los aspectos de la emergencia que creo deberíamos tener en cuenta todos: intervinientes, instituciones, sociedad, periodistas…

La comunicación en emergencias debe dirigirse en primer lugar a las personas más directamente afectadas y con un objetivo doble: informar y formar.

  • Informar a todas y cada una de las personas afectadas por la circunstancias que se estén desarrollando: incendio, fenómeno meteorológico, etc. para que puedan saber a qué atenerse y si es posible, continuar con su vida cotidiana, evitando riesgos innecesarios así como estar informados sobre la previsión a corto plazo.
  • Formar para conocer los riesgos, para aprender a convivir con ellos, para conocer que el riesgo cero no existe y para ejercer  la responsabilidad que tenemos cada uno como ser humano en nuestra propia autoprotección, primer eslabón de cualquier sistema de protección civil. Para que esta formación sea efectiva es importante la acción previa, los planes de autoprotección en centros e instituciones públicos, la difusión de consejos, los simulacros, etc.

En este proceso es imprescindible que los mensajes se emitan a través de un portavoz único y más importante aún, que el argumento sea único. Esta uniformidad no es censura: permite generar confianza en los ciudadanos afectados y evita la propagación de bulos al dar información útil, necesaria y contrastada.  No hay nada que interfiera más en la gestión de una emergencia que tener que desmentir información y suposiciones. Si tenemos una sociedad vulnerable no podemos aumentar su ansiedad con versiones y opiniones de todo tipo.

duda

Las redes sociales adquieren una gran protagonismo y mayor utilidad. Hay que estar presentes de manera oficial e institucional porque hoy en día la mayoría de las personas acceden a través de la red a informaciones  que pueden desconcertar y alarmar sin necesidad. Como instituciones debemos contrarrestar la información falsa de inmediato, como periodistas debemos contrastar, como sociedad debemos buscar la fuente oficial.

En España se han creado, a semejanza de otros países, las redes de voluntarios digitales. En estos momentos existe @vostSPAIN con presencia en las Comunidades Autónomas; en Canarias contamos con @VOSTcanarias. Es de agradecer que la propia sociedad  se organice para dar consistencia a los mensajes oficiales y no dar pábulo ni difusión a informaciones malintencionadas en las situaciones más vulnerables que podemos padecer: las emergencias.

¡Dichosa autoestima!

Si uno se da una vuelta por las redes sociales abundan miles y miles de mensajes y post de un carácter marcadamente psicológico, de autoestima y de ánimo para hacer ver a aquellos que tienen problemas, de cualquier tipo, que la solución está en uno mismo.

Problemas hay unos cuantos en España, la percepción de los problemas es incluso mayor, pero muchos se han quedado en la mera contemplación de los mismos, y en el mal uso de la autoestima: con lo bueno que soy esto no puede estar pasándome a mí.

Es cierto que resulta paradójico que cuando los problemas superan la capacidad personal la solución se encuentre en la autoestima, pero en la productiva: en el esfuerzo de ser mejor, seguir siendo yo y ser capaz de afrontar los cambios que debo iniciar para salir airoso.

La autoestima productiva requiere un esfuerzo

La autoestima productiva requiere un esfuerzo.

Empresarialmente, la tarea es difícil: encontrar una demanda en el mercado que se pueda satisfacer para obtener rentabilidad económica, sorteando las deudas, los obstáculos legales, impositivos, de paro, de bajo consumo… ¡Uf! El desánimo siempre llega aunque hayamos inyectado dosis y dosis de autoestima.

Profesionalmente: salir de lo que se denomina “la zona de confort” para mejorar, innovar, ser mejor y que todo ello te permita continuar ofreciendo un óptimo resultado de tu trabajo. O reinventarte, para no perder el tren que te permite afrontar tus gastos… ¡Uf! Eso obliga a estar siempre atento.

Personalmente: cuántos problemas anímicos, de salud, de relaciones, personales, cambian con sólo enfocar el problema desde un punto de vista diferente; poniendo en valor dos o tres cosas en la vida de cada uno… ¡Uf! Siempre en la lucha.

Conocerse, valorarse, arriesgarse, ser paciente, no tener miedo… eso es la autoestima.

¡Dichosa autoestima… y qué gran reto supone! 

Ser mujer y lo que quieras ser

Un artículo de José Ignacio Torreblanca en su blog Café Steiner me llevó a la experiencia de Anne Marie Slaughter, exitosa profesional en la Administración Obama que, tras dos años al frente de la Unidad de Análisis y Planificación del Departamento de Estado, abandonó su puesto para dedicarse a su familia.

Lee el artículo de Anne Marie Slaughter

Su relato pone en evidencia hasta que punto la mujer-madre en la vida profesional se siente en la encrucijada de decidir si merece la pena dedicar tanto tiempo al trabajo y tan poco a unos hijos adolescentes que la necesitan. Hace referencia también a la “facilidad” de los hombres para relegar la vida familiar a un segundo plano en beneficio de la profesional, considerando la primera como una debilidad.

Creo que esa facilidad es fruto de que la sociedad en su conjunto no se cree que podamos llegar a ser una sociedad igualitaria entre hombres y mujeres, y menos cuando éstas deciden ser madres.

Mucho ha cambiado la situación en los últimos cincuenta años pero todavía hoy, la principal responsabilidad familiar es atribuida a las mujeres. Y eso lo he vivido yo, cuando he tenido que estar fuera de casa por trabajo, y ver la sorpresa en las caras de amig@s y compañer@s porque mi marido llevaba la casa y se hacía cargo de los niños.

No se trata de relegar la maternidad y lo que ello implica por un éxito profesional y laboral; los niños que literalmente “traemos al mundo” nos necesitan. Pero tampoco lo contrario.

La conciliación real de la vida laboral y profesional de las mujeres se logrará cuando como sociedad nos permitamos otro ritmo de vida, otros objetivos, otra competitividad. Ese nuevo escenario permitirá a hombres y mujeres evolucionar a la misma velocidad con más dosis de flexibilidad.

Y como punto de partida está nuestra propia responsabilidad. El principal impulso para las mujeres que quieren tener una vida profesional, no todas tienen las mismas aspiraciones, empieza en nosotras mismas. Huir de tópicos y permitirnos libertad, independencia, tanto en casa como fuera de ella, y que ni la vida familiar ni la laboral nos impida ser lo que de verdad queremos ser.

 

¿Y qué puedo hacer yo?

Llevo varios días pensando en la famosa frase de John F. Kennedy “No te preguntes lo que tu país puede hacer por ti, pregúntate lo que tú puedes hacer por tu país”.

Ante la inviabilidad del Estado del Bienestar que disfrutábamos y la desazón que ello genera pensar en qué podemos hacer cada uno pone el acento en nosotros como personas y como ciudadanos, en mi libertad y mi capacidad de decisión. Posiblemente esa “libertad” y esa “decisión” no nos garantiza arribar a puerto amistoso pero, ante la merma de créditos, de empleo, de servicios públicos, de recursos… tenemos dos caminos: desesperarnos y cegarnos en el rencor de aquellos que “hicieron esto” o hacer un examen de conciencia reconocer nuestros propios errores, asumir nuestra responsabilidad si la hubiera y avanzar en nuestro pequeño entorno, con aquello que podemos afrontar y lo que podemos aportar a los demás, ya sea una sonrisa.

Esto es válido también para nuestro desarrollo profesional, cualquiera que sea nuestra actividad. En el día que miles de compañeros hemos defendido nuestra profesión, la de periodista, de los ataques empresariales, políticos y mediáticos, he podido leer críticas muy constructivas sobre lo que debemos ser. Cada uno en su ámbito, cada uno en su responsabilidad, ahora toca ser más honesto, más activo, más objetivo y más versátil que nunca… Creo que todo ello es necesario para avanzar como profesionales y como ciudadanos, pero debemos empezar por nosotros mismos.

Si algo necesitamos como comunidad y sociedad activa es un poco de luz y razón. También a través de los medios de comunicación, que pueden ser un referente en tiempos de crisis por tener mayor capacidad de interpretar la realidad y de aportar claves para el debate o para la reflexión personal. En este proceso los verdaderos protagonistas son los periodistas que, además, deben defender su actividad con uñas y dientes en un panorama desalentador.

Desde la serenidad que da el respeto a la profesión y la veracidad que el periodista se debe exigir, se contribuye a garantizar el derecho a la información que tenemos todos en unas circunstancias en las que se hace especialmente necesario.