La utopía nos garantiza la esperanza

Sigo consternada por las imágenes que arroja la barbarie en Oriente Medio, situacion que por repetitiva e inútil es todavia más dolorosa y demuestra de lo que es capaz el ser humano para conseguir algunos objetivos.

¿Será cierto que no hay solución? ¿O es que no interesa que la haya? O mejor dicho, ¿será que sólo hay una solución que interesa?

Dejen de bombardear, dejen de matar. Pero no sólo es un ingenuo ruego a judíos y árabes, también a todos aquellos que matan a sus peones para intentar ganar una partida de ajedrez cuyo objetivo no tiene, ni si siquiera, una finalidad justa: solo petróleo, armas, gas, agua… En definitiva,  dinero y poder con el que contribuir al progreso de unos cuantos a costa de destruir vidas, territorios, patrimonio, medioambiente…

Ese progreso mal entendido, que aleja pueblos unos de otros y tecnologiza la vida cotidiana hasta límites absurdos, es un progreso que  falla si no va acorde con el ser humano, con la interdependencia de los pueblos y de los ecosistemas.

Hoy más que nunca, en el mundo globalizado, el efecto mariposa es devastador.

El progreso no es guerra, es inteligencia.  Como decía José Mújica, nos hemos olvidado de pensar como especie humana, la que habita este planeta, y ciertamente me da vergüenza que seres humanos cometan día sí y día también esas tropelías contra la misma humanidad de la que forman parte, sin querer ir más allá del yo más y tú menos.

Hoy llegó hasta mí un Manifiesto, Última Llamada, que pone el énfasis de la acción humana en el progreso inteligente, integrado en nuestro entorno, entre el suelo y el cielo, en donde habitamos todos.

“Necesitamos una sociedad que tenga como objetivo recuperar el equilibrio con la biosfera, y utilice la investigación, la tecnología, la cultura, la economía y la política para avanzar hacia ese fin”, no para aniquiliar al contrario, añadiría yo. “Necesitaremos para ello toda la imaginación política, generosidad moral y creatividad técnica que logremos desplegar (…) Estamos atrapados en la dinámica perversa de una civilización que si no crece no funciona, y si crece destruye las bases naturales que la hacen posible. Nuestra cultura, tecnólatra y mercadólatra, olvida que somos, de raíz, dependientes de los ecosistemas e interdependientes”.

El cambio de rumbo es complicado porque quien debiera impulsarlo, quien tiene los medios para ello, no está interesado o el sitema lo engulle con sus mecanismos viciados. Mientras, sigue siendo devastador presenciar como miles de personas sufren y mueren por otros  intereses.

Solo queda dar pequeños pasos y no temer a planteamientos de este tipo, por muy utópicos que parezcan, en los que visualicemos otro ser y otro estar de nuestra humanidad.

La utopía, al menos, nos garantiza la esperanza.

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Razón y futuro: Unidad y diversidad

Razón y futuro. Estos dos atributos le ha dado hoy Felipe VI a la monarquía para que ésta pueda seguir siendo garantía de este país.

Razón como hija de la Historia de España, de un proceso que tenía que desembocar natural y constitucionalmente en su proclamación como Rey, como legítimo heredero de su padre.

 Reuters

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Esa razón de la Corona que el Rey basa en su neutralidad política, vocación integradora y cauce que permitan que entre los españoles fluyan “valores esenciales para la convivencia, para la organización y desarrollo de nuestra vida colectiva”.

Pero toda nación, como dijo Felipe VI, no es solo su Historia. Gracias a ella somos y estamos, pero ahora debemos seguir avanzando con el diseño de un futuro que encaje las realidades de nuestro presente.

De ese futuro ha hablado el Jefe del Estado, y con valentía. Ha planteado abordar, desde la monarquía constitucional, cambios en las instituciones y en la actitud de los representantes públicos españoles; y ha reconocido que España es una, pero con culturas y  lenguas diversas, con territorios con inquietudes soberanistas y tierras con características peculiares, como  puede ser Canarias, que no  merecen un trato uniforme. “Unidad no es uniformidad”, ha dicho el Rey.

Y si en España cabemos todos, solo será la mano tendida la que establezca puentes, y creo que Felipe VI hoy los ha ofrecido. Negarse a recibirlos es igual o mayor error que no reconocer que España necesita otra forma, otro futuro: “Esta nueva España exige profundos cambios de muchas mentalidades y actitudes”.

La transformación necesaria, esa llamada segunda transición, lleva un doble esfuerzo que debe ganarse con honestidad, trabajo y ejemplo. Si fracasa, tendríamos que hablar de otros modelos, estar abiertos a cambios de mayor calado y abrir las urnas para que los ciudadanos puedan opinar sobre cómo debe ser el futuro de los pueblos que conforman España.

 

Discurso de Felipe VI

 

 

Un golpe de timón real

Después de dos años de fuerte crisis institucional en la Monarquía, el Rey ha cedido el testigo de la corona a su hijo Felipe. Sin duda un buen y revelador momento aunque se haya hecho con cierta prisa.

El sistema político de España, tras la transición, se ha basado en dos pilares principales la Monarquía y la representación política bipartita. Hoy, tras los resultados de las elecciones del 25 de mayo, no hay ninguno de ellos que no se tambalee y que pueda garantizar su propia continuidad.

El titular del discurso del Rey tras su abdicación es claro. Es necesario que pase a primera línea “una generación más joven, con nuevas energías, decidida a emprender las reformas”

Sin cambio no hay avance

Sin cambio no hay avance

Un relevo … ¿para que todo siga igual o para que se produzca un verdadero avance?

Bajo el reinado de Felipe VI, la monarquía tendrá que cambiar de rumbo para ser garante de la estabilidad del país, a la que no ha contribuido en los últimos años. No tengo duda que tendremos nuevo Rey en breve, pero no sé hasta qué punto el sistema se podrá mantener más allá.

Los partidos políticos, y con ellos las instituciones, tendrán que plantear la solución de los problemas que afectan a España desde la perspectiva de la gente, más estrechamente ligada a sus necesidades y carencias; reformando la Constitución si ello fortaleciera los vínculos que unen a España.  De otra forma, la soberanía dejaría de residir definitivamente en el pueblo.

Y si todo ello no se produce, no lamentaremos que partidos políticos de nuevo cuño irrumpan queriendo cambiar moldes, clichés y conductas viciadas; lamentaremos otro tipo de movimientos a los que el sistema, entonces demasiado arcaico, no podrä hacer frente.

No quisiera creer, que este anuncio, una semana después de las Elecciones Europeas, sólo sirva para hacer efectivo un relevo anunciado y para acallar esas voces disonantes con el status quo actual. Se habría perdido una oportunidad de oro para poner a punto este maltrecho país con un golpe de timón real.

 

Cambiar el modelo: más vida y menos dinero

Hoy el Banco de España ha anunciado la salida de la recesión pero antes pasará un tiempo para que los ciudadanos de a pie la podamos apreciar.

Hasta que se materialice de una manera más visible ese “inicio” de la recuperación, no deberíamos perder de vista la cicatriz que ha dejado la severa crisis que atravesamos para poderla sanar del todo.

Todavía  es momento de oportunidades, de cambiar modelos arcaicos que nos han llevado a la insatisfacción, a la degradación de nuestro entorno y al aumento de la diferencia entre clases sociales.

Creo que todavía habría tiempo para cambiar muchos modelos y patrones en los que el dinero ha sido el fin único y último de la mayoría de las actividades empresariales.

Es obvio que el emprendedor busca hacer dinero,  necesario para la actividad que inicia, pero se deberían tener en cuenta además, y de manera simultánea, la mejora de la sociedad en la que vive y la sostenibilidad del entorno. No creo que el progreso sea bueno siempre; desde que pierde la referencia del ser humano… fracasa. ¡Se trata de vivir!

Para eso, claro está, es necesario personas con amplitud de miras, trabajadores, perseverantes, que sepan decir no al dinero fácil y tengan la capacidad de desarrollar nuevas ideas, innovadoras y en un marco tecnológico y globalizado en el que la geolocalización de la empresa ya no tiene tanta importancia.

Como residente en un Archipiélago, alejado y a veces maltratado, como es el canario, es de alabar iniciativas de pequeños empresarios que inician actividades que muchos se sorprenden que puedan funcionar en una isla no capitalina como La Palma, y en un municipio como Garafía (1.654 habitantes y tradicionalmente aislado).

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Es el caso de Ediciones Alternativas , empresa que contribuye a la difusión de la cultura y promoción de nuevos escritores. y todo ello en unas Islas en las que muchos buscan salidas de dinero fácil frente a otros que luchan en el mundo de la moda, del diseño, de la consultoría, de la ingienería.

Estos ejemplos prueban que desde Canarias se pueden iniciar proyectos dinamizadores de estas Islas como tierra fértil para la integración social, la cooperación, el respeto al medioambiente y el desarrollo cultural y político. La transformación de Canarias debería basarse principalmente en esas premisas, teniendo en cuenta el bienestar armónico del ser humano no sólo su bolsillo. ¿ O estamos dispuestos a todo por dinero?

Esta reflexión bullía en mi cabeza desde hace tiempo pero, hoy, el vídeo de Pau Garcia-Milá  compartido por Juan Ferrer (al que ya he hecho referencia en este blog), me ha impulsado a compartir estas líneas,

El cambio de modelo no es fácil: requiere primero voluntad, y después trabajo y perseverancia.

¡Dichosa autoestima!

Si uno se da una vuelta por las redes sociales abundan miles y miles de mensajes y post de un carácter marcadamente psicológico, de autoestima y de ánimo para hacer ver a aquellos que tienen problemas, de cualquier tipo, que la solución está en uno mismo.

Problemas hay unos cuantos en España, la percepción de los problemas es incluso mayor, pero muchos se han quedado en la mera contemplación de los mismos, y en el mal uso de la autoestima: con lo bueno que soy esto no puede estar pasándome a mí.

Es cierto que resulta paradójico que cuando los problemas superan la capacidad personal la solución se encuentre en la autoestima, pero en la productiva: en el esfuerzo de ser mejor, seguir siendo yo y ser capaz de afrontar los cambios que debo iniciar para salir airoso.

La autoestima productiva requiere un esfuerzo

La autoestima productiva requiere un esfuerzo.

Empresarialmente, la tarea es difícil: encontrar una demanda en el mercado que se pueda satisfacer para obtener rentabilidad económica, sorteando las deudas, los obstáculos legales, impositivos, de paro, de bajo consumo… ¡Uf! El desánimo siempre llega aunque hayamos inyectado dosis y dosis de autoestima.

Profesionalmente: salir de lo que se denomina “la zona de confort” para mejorar, innovar, ser mejor y que todo ello te permita continuar ofreciendo un óptimo resultado de tu trabajo. O reinventarte, para no perder el tren que te permite afrontar tus gastos… ¡Uf! Eso obliga a estar siempre atento.

Personalmente: cuántos problemas anímicos, de salud, de relaciones, personales, cambian con sólo enfocar el problema desde un punto de vista diferente; poniendo en valor dos o tres cosas en la vida de cada uno… ¡Uf! Siempre en la lucha.

Conocerse, valorarse, arriesgarse, ser paciente, no tener miedo… eso es la autoestima.

¡Dichosa autoestima… y qué gran reto supone!