Piel quemada

La manera de vestir es sin duda una tarjeta de visita, una presentación de quién eres y qué quieres llegar a ser, a veces qué o a quiénes representas, por lo que, desde un punto de vista de una figura pública, la etiqueta define o presenta nuestra personalidad.

En los últimos años queriendo convencer políticamente de un nuevo aire, muchos se han quitado la corbata y la chaqueta, pretendiendo transmitir con ello una cercanía y una nueva forma de hacer las cosas. Por supuesto que creo que fracasan en el intento, las ideas nada tiene que ver con la moda por mucho que ésta cambie.

Y llegamos a la Navidad, y se adueña de nosotros, como una más de nuestras tradiciones, la porra a ver qué presentadora, que no presentador, luce el mejor y más atrevido de los estilismos, quién enseña más o quién sugiere mejor.

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Lo que más me molesta de este linchamiento mediático a unas y otras presentadora no es, por supuesto que sean guapas y luzcan estupendas con vestidos de alta costura e intensa creatividad; sino que al final ese cuerpo, esa elegancia o la misma moda, quedan pisoteadas en una guerra de audiencias entre cadenas y con el cuerpo femenino, una vez más, utilizado como reclamo publicitario injustificado.

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El pecado no está en lucir el cuerpo, que cada una lo haga acorde a sus gustos y expectativas y según la ocasión, el pecado está en la burla y en una cierta utilización que queman esa piel y esa sonrisa en la hoguera de las vanidades.

 

Educación contra cualquier violencia de género

En estos días hemos conocido un informe en el que se pone de manifiesto la cantidad de mujeres que en Europa sufren en su piel violencia de género y agresiones sexuales. Se destaca que “en torno al 12 % de las encuestadas indicaron que habían experimentado alguna forma de agresión o  incidente sexual por parte de un adulto antes de los 15 años de edad”.  Me parece llamativo ese dato que refleja la agresión a las niñas, a las menores de edad, y que en la mayoría de los casos quedan impunes, por miedo a contarlo en casa, a denunciarlo.

Por ello no es extraña otra de las conclusiones de ese estudio, que cuantifica en un 53% las mujeres europeas que procuran evitar ciertos lugares o situaciones por temor a ser víctimas de agresiones físicas o sexuales, en contraposición a la escasa preocupación masculina.

Es paradójico, además, que Suecia tenga un porcentaje mucho mayor que Italia y España de mujeres que sufren violencia física y/o sexual por parte de su pareja desde los 15 años de edad.

Mujeres que sufren violencia física y/o sexual por parte de su pareja desde los 15años de edad.

Datos, datos, datos que lo que siguen evidenciando la falta de normalización de las relaciones entre sexos, independientemente de la nacionalidad, de la edad, de la clase social. Sin entrar a valorar el número, la proporción, la preocupación mayor o menor de las personas y los gobiernos por este asunto, me pregunto cómo se puede conseguir una relación igualitaria entre hombres y mujeres.

Y siempre me encuentro con la respuesta comodín,¡ contesta a tantas preguntas!: educación. A ella añadiríamos roles comunes, respeto, autoridad proporcionada, falta de sumisión y reconocimiento del otro y de la otra.

Educar en paridad, en responsabilidad, no sólo hace personas más cabales también hombres y mujeres que saben decir que no, que saben donde está el límite y que la autoridad se gana a base de respeto no a base de golpes ni humillaciones.

Soy de las que piensa que la violencia de género se da en los dos sentidos, del hombre a la mujer, y de la mujer al hombre, pero el peso de los siglos en los que la autoridad desproporcionada y el descarte de la mujer ha sido lo habitual, unido a la comercialización del sexo, empujan a algunos hombres a perder el control y exagerar ese deseo de posesión y de dominación hasta trágicas consecuencias.

No quiero ni mucho menos que se dé la vuelta a la tortilla, y que ahora donde estaban los hombres ahora se pongan las mujeres, me gustaría que fuéramos realmente paritarios, cada sexo con su entidad propia, o con la entidad que cada uno tenga,  y que desde la niñez se eduque en el respeto a lo que “es” el otro.

Miro a mis hijos y pienso en qué modelo de mujer y hombre les transmite esta sociedad. Creo que hoy, las mujeres, al menos las de mi entorno social y cultural, luchan, trabajan, educan e intentan disfrutar de la vida aunque siempre en un paso por detrás de los hombres en cuanto a promoción profesional se refiere.

Si éste es el rol socialmente aceptado, todavía hoy, mañana será el mismo. Mientras permitamos que alguien nos marque el camino, o que ese alguien siempre tenga la última palabra, nuestros hijos serán más autoritarios y nuestras hijas más sumisas, o viceversa, que de todo hay.

Depende de nosotros.

 

Cuando el cuerpo es mensaje y soporte

Nunca me desnudaría públicamente para manifestar mi opinión,  no encuentro ni motivos ni ideas en las que, para defenderlos, vea necesario dejar la ropa atrás. Tampoco me desnudaría, ni utilizaría mi cuerpo, como reclamo publicitario de un perfume, de una revista, de un coche o de un champú.

marc jacobs

Pero sí hay much@s que lo hacen: aprovechan el cuerpo humano tanto femenino como masculino para el arte, para campañas de publicidad, y también para enviar un mensaje crítico.

olivia munn

Las palabras de una de las activistas de Femen,  después de denunciar “a flor de piel” la reforma de la Ley del aborto del Gobierno del Estado, plantean el debate. “Si el cuerpo de la mujer se utiliza para vender casi todo ¿por qué no se puede utilizar para denunciar la falta de libertad ante una decisión tan personal que implica al mismo cuerpo?”

Ayer, ni el lugar ni las formas eran los adecuados, pero… ¿el soporte y el mensaje? ¿Quiere decir que por salir desnudo hay menos convencimiento de lo que se defiende? ¿Está el mensaje ligado, siempre, al  cuerpo desnudo?, ¿o éste lo desvirtúa?

En este caso las activistas dieron un mensaje relacionado íntimamente con su cuerpo. Uno y otro eran uno.

Mujer, política y futuro

Hace veinte años un joven tunecino me restregó en la cara su satisfacción porque las mujeres no gobernaban el mundo, si así fuera “le darían tantas vueltas a las cosas que no se avanzaría nunca”.

En estos días, y en torno a la celebración del Día de la Mujer Trabajadora, he podido encontrar varios los artículos y referencias a un nuevo papel que la mujer podría tener en política, en la toma de decisiones, dada la evidencia del fracaso del modelo actual, el estancamiento evidente y su inmovilismo.

En un vídeo elaborado por la Oficina de Información en España del Parlamento Europeo y la Comisión Europea, en el que se recogen testimonios de emprendedoras que se enfrentan a la crisis, se plantea que las mujeres abanderen el cambio social que la supere. Es necesario cambiar la perspectiva e introducir actitutes y aptitudes más propias de las mujeres que de los hombres para cambiar el sistema. Ver vídeo

Es cierto que hay mujeres en política, algunas con más éxito que otras, pero entiendo que el conflicto no es entre mujeres y hombres, sino entre lo masculino y lo femenino. Con toda probabilidad, la situación actual se deriva de aplicar demasiado pragmatismo, demasiadas matemáticas, relegando a un segundo plano al ser humano, sus sentimientos y su bienestar con la vista puesta en el progreso por el progreso. Un enfrentamiento entre los que algunos filósofos consideran la visión femenina, el sentido de la vida; y la visión masculina, la acción.

Decía Alessandro Manzoni que “no siempre aquello que viene después es progreso”, y estamos acostumbrados a relacionar progreso con dinero, y cuanto más y más inmediato mejor. ¿Qué sentido tiene? ¿Qué sentido ha tenido?

Hemos llegado a un punto en el que la actividad política, indispensable para solucionar los problemas y lograr el bienestar de los ciudadanos, está tan denigrada y desprestigiada por la acción de hombres y mujeres, que cambiar la tendencia es complicado.

En nombre de la Política, y también de la Democracia y de la Libertad, se ha ido a por más, sin saber muy bien para qué, lastrando día a día un sinfín de cosas importantes para el ser humano : amistad, salud, espiritualidad, naturaleza…  Sin ellas vivimos pero su carencia supone la aparición de insatisfacciones, estress, conflictos…

Por ello es necesario darle algo de calor y sentido a las decisiones que se toman en las instituciones, en las empresas, posiblemente “darle más vueltas a las cosas” y darle importancia a lo que de verdad la tiene. No concibo que las mujeres sustituyan a los hombres en la vida política. Entre todos debemos impulsar un nuevo concepto de hacer política con valores conjuntos que permita otro modelo de vida, que no sea ni masculino ni femenino pero que logre el equilibrio del ser humano.  Se trata de vivir pensando en el futuro que dejamos a nuestros hijos y parándonos a pensar si avanzar nos traerá un mañana que nos perjudica.

La cuarentena

Llegar a los 40 y superarlos parece una meta lejana cuado no hemos cumplido los 25. Pero los cuarenta llegan y sí, puedo decir que se notan muchos cambios aunque no todos negativos.

La cuarentena me ha traído una manera diferente de percibir el tiempo que transcurre, el ritmo que lleva la vida; así como las ganas de adaptación a ese tiempo y a ese ritmo.

Alrededor todo empieza a cambiar…Los futbolistas empiezan a parecer más jóvenes que tú, aunque casi siempre lo hubieran sido (ja, ja); los mayores del barrio son verdaderos ancianos y empiezan a marchar de manera generalizada todos aquellos que formaron parte de tu infancia (el farmaceútico, el maestro, el del parque, abuelos, tíos…) los jóvenes hacen ya lo mismo que tú haces: tienen hijos, trabajan, se van de copas…¡¡y son unos críos!!. El mundo empieza a verse desde un escalón más arriba.

Después viene la percepción personal, de uno mismo. El cambio físico, que aunque parezca imposible de creer para lo más jóvenes te hace sentir mejor: el cambio intelectual que te abre algunos canales y posibilidades que nunca habías contemplado …

Viene un momento en el que sientes que tienes que vivir, disfrutar y aprovechar…más de lo que lo has hecho hasta ahora y mejor. Es como poner un cierto ralentí a la tendencia de los últimos años: estudios, pareja, trabajo, casa, hijos… para acelerar el ser, poder y avanzar.

Por eso para mí la cuarentena, la mía, es una etapa bonita por enriquecedora y llena de retos en la que precisamente no cabe el aislamiento.