¿Qué me enseñó mi padre?

 

Hoy, 19 de marzo, Día del Padre, he querido escribir sobre el mío, Manolo Vidal. No quiero beatificar al que ya no está, pero hoy he estado pensando sobre lo bueno que aprendí de él y cómo lo traslado a mi vida actual.

papá

De mi padre aprendí a ser la mitad de consecuente y coherente que fue él, a dar libertad incluso a quiénes no me la dan, a ser respetuosa, a perdonar (pero no a olvidar), y a ver la realidad con su más preciado don: el realismo.

Él, que se dedicó toda su vida a servir a los demás (con un compromiso que yo no alcanzaré) desde su profesión y desde su actividad política, pagó los injustos peajes de decir lo que pensaba, a pesar de las siglas, y de imaginar, siempre, cómo se podría lograr cambiar las cosas para “mejor”.

Esa cierta utopía y no resignarse, hasta muy cerca de su final, son dos de los legados que llevo orgullosa como bandera; y también  una visión con cierta perspectiva de mi entorno vital: siete islas y un vasto mar.

Esa perspectiva fue fruto de la posibilidad de abrir el horizonte y poder mirar, desde fuera, lo que para unos es la única realidad, la única manera de hacer las cosas … y comprendí que siempre se puede innovar, siempre se puede cambiar, siempre se puede resurgir pero, para ello, hace falta voluntad, humildad y tesón: a veces no tenemos ni una cosa, ni la otra…

Siendo una persona que vivió durante la dictadura de Franco, que luchó contra ella, imbuido por lo que había vivido en Venezuela en unos años especialmente convulsos para toda la zona del Caribe, siempre valoró lo bueno y lo positivo de cada tiempo, de cada momento; también cuando solo tenía para comer, en su pensión de Madrid, gofio con sardinas.

Cuando miro hacia atrás, la utopía e ilusión que empujaron a mi padre, y a muchos como él, a mejorar las cosas, no son las más comunes en el mundo de hoy. Defendían aquello en lo que creían a costa de lo que fuera. Nosotros, en cambio, parece que queremos decir Si no le gustan mis principios, puedo cambiarlos… Posiblemente, porque vivimos entre más algodones de los necesarios con el convencimiento de que nada permanece y que lo anterior debe ser derribado.

Ellos que lucharon y arriesgaron por el sueño de un lugar en el que tuvieran cabida todos, independientemente de su perfil político, de su raza, de su religión… se lamentarían al ver que nosotros, como Humanidad, todavía seguimos en ello…

¿Y para qué sirve en este punto lo que una hija aprendió de un padre? Pues simplemente para seguir… y seguir defendiendo aquello en lo que crees.

Así que no perdamos la esperanza. ¡Gracias papá!

La utopía nos garantiza la esperanza

Sigo consternada por las imágenes que arroja la barbarie en Oriente Medio, situacion que por repetitiva e inútil es todavia más dolorosa y demuestra de lo que es capaz el ser humano para conseguir algunos objetivos.

¿Será cierto que no hay solución? ¿O es que no interesa que la haya? O mejor dicho, ¿será que sólo hay una solución que interesa?

Dejen de bombardear, dejen de matar. Pero no sólo es un ingenuo ruego a judíos y árabes, también a todos aquellos que matan a sus peones para intentar ganar una partida de ajedrez cuyo objetivo no tiene, ni si siquiera, una finalidad justa: solo petróleo, armas, gas, agua… En definitiva,  dinero y poder con el que contribuir al progreso de unos cuantos a costa de destruir vidas, territorios, patrimonio, medioambiente…

Ese progreso mal entendido, que aleja pueblos unos de otros y tecnologiza la vida cotidiana hasta límites absurdos, es un progreso que  falla si no va acorde con el ser humano, con la interdependencia de los pueblos y de los ecosistemas.

Hoy más que nunca, en el mundo globalizado, el efecto mariposa es devastador.

El progreso no es guerra, es inteligencia.  Como decía José Mújica, nos hemos olvidado de pensar como especie humana, la que habita este planeta, y ciertamente me da vergüenza que seres humanos cometan día sí y día también esas tropelías contra la misma humanidad de la que forman parte, sin querer ir más allá del yo más y tú menos.

Hoy llegó hasta mí un Manifiesto, Última Llamada, que pone el énfasis de la acción humana en el progreso inteligente, integrado en nuestro entorno, entre el suelo y el cielo, en donde habitamos todos.

“Necesitamos una sociedad que tenga como objetivo recuperar el equilibrio con la biosfera, y utilice la investigación, la tecnología, la cultura, la economía y la política para avanzar hacia ese fin”, no para aniquiliar al contrario, añadiría yo. “Necesitaremos para ello toda la imaginación política, generosidad moral y creatividad técnica que logremos desplegar (…) Estamos atrapados en la dinámica perversa de una civilización que si no crece no funciona, y si crece destruye las bases naturales que la hacen posible. Nuestra cultura, tecnólatra y mercadólatra, olvida que somos, de raíz, dependientes de los ecosistemas e interdependientes”.

El cambio de rumbo es complicado porque quien debiera impulsarlo, quien tiene los medios para ello, no está interesado o el sitema lo engulle con sus mecanismos viciados. Mientras, sigue siendo devastador presenciar como miles de personas sufren y mueren por otros  intereses.

Solo queda dar pequeños pasos y no temer a planteamientos de este tipo, por muy utópicos que parezcan, en los que visualicemos otro ser y otro estar de nuestra humanidad.

La utopía, al menos, nos garantiza la esperanza.

Algo de 2013 me llevo a 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2013 de este blog que es parte de mi día a día aunque escriba cada dos meses.

Las redes sociales te presentan estos días resúmenes del año, informaciones que has compartido, lo que has escrito, los comentarios, los likes…

Afortunadamente la vida está llena de muchas más cosas, la mayoría de ellas no están reflejadas on-line y solo forman parte de esa red de afectos y desafectos en la que vivimos los seres humanos, y en concreto, mis seres humanos.

A muchos de ellos tengo grandes cosas que agradecerles, primero por cruzarse en mi camino en  2013; a algunos por hacerme la vida más fácil, a otros por sacarme una sonrisa, a otros por llamarme en el momento adecuado, y a la gran mayoría por estar ahí cuando ha hecho falta.

Mentiría si dijera que el año 2013 me ha gustado, ha sido raro raro, pero me llevo a 2014 todo lo que he aprendido,  y la mochila se va llenando…  La madurez viene a decirte que la vida está hecha de pasos cortos que te permitan en un momento dar una zancada, y que en esos pasitos está la dicha:  una sonrisa de tus hijos, un abrazo,  un beso, una fiesta, el trabajo bien hecho, algunas palabras sabias…  Incluso un agudo e inteligente comentario a cualquier cosa que escribo…

Espero seguir contando con ustedes para la vida: con los que me encuentro off-line como con los que conecto on-line. Mis mejores deseos para 2014, espero que entre todos podamos hacer de él un año de provecho. Por aquí los sigo recibiendo…

Aquí hay un extracto del informe de WordPress:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 990 veces en 2013. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 17 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

Vivir en la selva sería más honesto

Creo que, hoy por hoy, vivir en la selva sería más honesto.

Fuente: www.nonstop.es

Sí, eso he pensado en los últimos días, cuando he visto, todavía más de cerca, que las reglas del juego de vivir en sociedad no las cumple, no las cumplimos, casi nadie.

Y en ese casi nadie no sólo están aquellas grandes instituciones que nos hemos “dado” y nos hemos comprometido a defender, como refleja Cristina Maffiotte en su artículo de Diario de Avisos; sino también todos y cada uno de nosotros que posiblemente al perder tantos valores por el camino hemos mermado el respeto a los demás, el valor de las cosas bien hechas y la valentía de defender lo que es justo.

Sin querer generalizar, porque me parece injusto, hemos entrado en “el sálvese quién pueda” en el que perdemos referentes como decía Cristina, y se impone la ley del más fuerte.

Llegados a este punto, la selva se presenta un mejor lugar para vivir, en el que nos dejaremos de tantas normas y reglas que no se siguen, y en donde el papel de cada uno, en ese entorno, parece estar más que claro. Un lugar en el que seremos, de verdad, nosotros mismos y sabremos quién se come a quién y con quién puedes contar y con quién no.

En las crisis: comunicar y arrimar el hombro

Hace exactamente una semana, Informe Semanal emitía este reportaje sobre la comunicación en tiempos de crisis. Me resultó bastante interesante ya que recogía la opinión de expertos en la materia, como Luis Arroyo, al que sigo, que expresaban muchas ideas que he intentado transmitir en este blog desde que lo iniciara, el pasado mes de abril. No es una causalidad que el primer post llevara por título “Comunicación… en tiempos revueltos”.

No había podido enlazar ni comentar este vídeo porque en la última semana he estado centrada en la gestión de la comunicación en otra crisis, no económica, que tiene aspectos comunes a la hora de transmitir la información a los ciudadanos: un incendio.

Cualquier hecho que desestabiliza nuestra forma de vida, nuestra rutina, es una crisis: puede ser económica, social o medioambiental…. Ante una de estas situaciones lo primero que se le pide a un portavoz es serenidad, veracidad y actitud y aptitud para dirigir y transmitir.

También a los ciudadanos y a los medios de comunicación se les puede pedir algo que resulta ingenuo pero que es muy necesario: paciencia y cierta confianza en que los responsables de la gestión puedan ser capaces de resolverla. Para hacer llegar a la sociedad de que esto es posible hace fata una comunicación adecuada. La pescadilla se muerde la cola.

En el tiempo de las redes sociales, la información alcanza una velocidad vertiginosa que no termina de satisfacer a quiénes están siguiendo el proceso.

Cuando la crisis se concentra en el tiempo, como puede ser un incendio o una tormenta, el torrente de información es incontrolable y si no hay serenidad y paciencia puede dar pie a muchos errores. Es preferible esperar a dar una información errónea. Cuando los problemas, como los que afectan a España en los últimos meses, se dilatan en el tiempo y no se ve una salida, el descrédito gana espacio si no existe una política de comunicación más comprensible y cercana a la sociedad.

Como dice María José Canel en el reportaje, ante ciertas situaciones los ciudadanos demandan otras actitudes de sus responsables políticos. Yo apunto que la gente quiere “inmediatez, sinceridad, posibilidades y evolución”. Esto es aplicable a la crisis de los mercados, un incendio forestal, tormenta tropical, o erupción de un volcán, que es lo que hemos tenido en Canarias en los últimos años. La ciudadanía no quiere “protagonistas”, ni actores de cine, quiere gestores y una cierta coherencia en el discurso y en las decisiones tomadas, aún vayan en contra de ellos mismos.

Siendo gestores, los portavoces deben tener en cuenta, además, a quién le llega su mensaje: a familias que no cubren sus gastos, a parados, a personas que han sido desalojados de sus casas, etc. Para ello tienen la palabra, su actitud y también, y casi más importante, el uso consciente de la emoción

El comunicador público debe jugar con la emoción de sus palabras para intentar transmitir acción, serenidad o motivación. La burla nerviosa, la desesperación mal contenida y las palabras mecánicas no pueden estar presentes en el discurso de alguien en quién miles de personas se están mirando para saber qué decisión tomar y cómo actuar.

Los portavoces deben ser coherentes y capaces de establecer empatía. Ante una crisis económica y/o política debemos motivar a pesar de los recortes y la reestructuración, se debe dar una esperanza; ante un fenómeno natural adverso debemos apelar con nuestra emoción a la calma y a la responsabilidad. Ya habrá tiempo de criticar y tomar posiciones partidistas sobre las decisiones tomadas, porque durante las crisis sólo toca “arrimar el hombro”.

Hecho en falta esta actitud solidaria a la hora de gestionar una crisis. Parece que se está más pendiente de en qué falla el responsable que en qué podemos hacer para encontrar soluciones. Si la crisis económica va para largo, como anuncian, deberíamos  cambiar de actitud.