Cambiar el modelo: más vida y menos dinero

Hoy el Banco de España ha anunciado la salida de la recesión pero antes pasará un tiempo para que los ciudadanos de a pie la podamos apreciar.

Hasta que se materialice de una manera más visible ese “inicio” de la recuperación, no deberíamos perder de vista la cicatriz que ha dejado la severa crisis que atravesamos para poderla sanar del todo.

Todavía  es momento de oportunidades, de cambiar modelos arcaicos que nos han llevado a la insatisfacción, a la degradación de nuestro entorno y al aumento de la diferencia entre clases sociales.

Creo que todavía habría tiempo para cambiar muchos modelos y patrones en los que el dinero ha sido el fin único y último de la mayoría de las actividades empresariales.

Es obvio que el emprendedor busca hacer dinero,  necesario para la actividad que inicia, pero se deberían tener en cuenta además, y de manera simultánea, la mejora de la sociedad en la que vive y la sostenibilidad del entorno. No creo que el progreso sea bueno siempre; desde que pierde la referencia del ser humano… fracasa. ¡Se trata de vivir!

Para eso, claro está, es necesario personas con amplitud de miras, trabajadores, perseverantes, que sepan decir no al dinero fácil y tengan la capacidad de desarrollar nuevas ideas, innovadoras y en un marco tecnológico y globalizado en el que la geolocalización de la empresa ya no tiene tanta importancia.

Como residente en un Archipiélago, alejado y a veces maltratado, como es el canario, es de alabar iniciativas de pequeños empresarios que inician actividades que muchos se sorprenden que puedan funcionar en una isla no capitalina como La Palma, y en un municipio como Garafía (1.654 habitantes y tradicionalmente aislado).

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Es el caso de Ediciones Alternativas , empresa que contribuye a la difusión de la cultura y promoción de nuevos escritores. y todo ello en unas Islas en las que muchos buscan salidas de dinero fácil frente a otros que luchan en el mundo de la moda, del diseño, de la consultoría, de la ingienería.

Estos ejemplos prueban que desde Canarias se pueden iniciar proyectos dinamizadores de estas Islas como tierra fértil para la integración social, la cooperación, el respeto al medioambiente y el desarrollo cultural y político. La transformación de Canarias debería basarse principalmente en esas premisas, teniendo en cuenta el bienestar armónico del ser humano no sólo su bolsillo. ¿ O estamos dispuestos a todo por dinero?

Esta reflexión bullía en mi cabeza desde hace tiempo pero, hoy, el vídeo de Pau Garcia-Milá  compartido por Juan Ferrer (al que ya he hecho referencia en este blog), me ha impulsado a compartir estas líneas,

El cambio de modelo no es fácil: requiere primero voluntad, y después trabajo y perseverancia.

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Vivir en la selva sería más honesto

Creo que, hoy por hoy, vivir en la selva sería más honesto.

Fuente: www.nonstop.es

Sí, eso he pensado en los últimos días, cuando he visto, todavía más de cerca, que las reglas del juego de vivir en sociedad no las cumple, no las cumplimos, casi nadie.

Y en ese casi nadie no sólo están aquellas grandes instituciones que nos hemos “dado” y nos hemos comprometido a defender, como refleja Cristina Maffiotte en su artículo de Diario de Avisos; sino también todos y cada uno de nosotros que posiblemente al perder tantos valores por el camino hemos mermado el respeto a los demás, el valor de las cosas bien hechas y la valentía de defender lo que es justo.

Sin querer generalizar, porque me parece injusto, hemos entrado en “el sálvese quién pueda” en el que perdemos referentes como decía Cristina, y se impone la ley del más fuerte.

Llegados a este punto, la selva se presenta un mejor lugar para vivir, en el que nos dejaremos de tantas normas y reglas que no se siguen, y en donde el papel de cada uno, en ese entorno, parece estar más que claro. Un lugar en el que seremos, de verdad, nosotros mismos y sabremos quién se come a quién y con quién puedes contar y con quién no.

No hay nada más injusto que generalizar

Ante la repercusión mediática y política del caso Bárcenas, Rajoy ha dicho una frase con la que empiezo este post: No hay nada más injusto que generalizar”, por la corrupción añadía él y yo apunto “por todo”.

Vivimos en una sociedad en la que nos gusta poner títulos, calificativos y meter en el mismo saco a buenos, mediocres y malos, y además quedarnos satisfechos de esos juicios de valor.

Y, por supuesto, en estos tiempos de crisis no hay seres más dañinos para la sociedad que los políticos y los funcionarios. Defender el trabajo de unos y otros se está convirtiendo, tristemente, en una actividad incomprendida y “de riesgo”, aún cuando hay muchos trabajadores en la Administración Pública que se ganan su sueldo a pulso de horas y dedicación.

En nuestro sistema de valores, un poco cabeza abajo últimamente, el correcto funcionamiento de las cosas raramente ha sido noticia, sí lo ha sido lo contrario, lo considerado excepcional: la Sanidad colapsada, los políticos corruptos, los funcionarios vagos y la Iglesia pedófila y avariciosa…

el mundo al revés

Éste es el panorama con el que nos estamos levantando un día sí y otro también desde hace ya demasiado tiempo, lo excepcional se ha convertido en normalidad; por ello propongo volver a informar sobre lo cotidiano, sobre las cosas que funcionan bien  en las Administraciones, en los Hospitales, en La Iglesia; sobre las personas, con nombres y apellidos, que están dedicadas a su labor con responsabilidad y que la desarrollan con honradez y efectividad.

Propongo volver a informar sobre los perros que muerden a los hombres, no sobre aquellos hombres, pocos al final, que muerden a los perros.

Puede ser que así, tengamos la sensación de que algo cambia … ya sea por imitación o generalización, esta vez positiva.

El acoso escolar se evita desde casa

Empezamos esta semana con el fallecimiento de una menor que intentó suicidarse en Castilla-La Mancha. Todo parece indicar que fue el acoso que sufría por parte de algunos compañeros lo que la llevó a tomar esta decisión.

La investigación aclarará lo que finalmente pasó pero, para mí, revive un problema demasiado común en las aulas sobre el que no estoy segura que la sociedad aborde de frente.

Los niños, y los jóvenes, por el hecho de serlo, son burlones, sinceros y gregales. Y depende a quién le caigan las burlas y los insultos, tenemos un problema.

Siempre he pensado que si un niño se burla de otro, minusvalora o rechaza al que es diferente, lo hace porque, de un manera más o menos evidente, lo ha visto en casa. Justo en ese estilo de adultos de “criticar y burlarse” que no llega a pasar de un ligero cotilleo pero que a los menores les hace perder los esquemas sobre lo que es reprochable o no.

Es muy importante cuidar qué se dice delante de qué niños, mejor de qué edades, y evitar hablar de los otros como si estos fueran adultos: ese niño es un desastre, es malísimo jugando al fútbol, qué mal viste, vive en ese barrio de mala muerte,  ¿has visto a su madre?, que tontería es esa de… etc.

Estas tonterías adquieren importancia en las cabecitas de los niños y configuran, a la larga, una posición desafiante y humillante a los terceros que no son exactamente como ellos, y ya no hablo de los gordos y los flacos, y los que no llevan “lo que se lleva”.

Es en casa donde debemos fomentar el respeto y también la autoestima, porque quién nos dice que nuestro hijo no es el diferente y puede recibir las burlas de los demás. El acoso escolar es difícil de detectar, por eso debemos estar doblemente alerta y fomentar que no sean nuestros hijos los responsables.

Las luchas y las burlas que pueden ser normales en el desarrollo de nuestros hijos a larga pueden desencadenar en un problema importante si, como padres y/o educadores, no sabemos verlas y encauzarlas hacia una solución.

Aquí les dejo un artículo que leí en ABC en el que habla precisamente del papel de los padres a la hora de  reafirmar la personalidad de los jóvenes frente al juicio constante que se les hace fuera de casa.

El miedo

El miedo es lo contrario del amor. El miedo te paraliza, el amor te moviliza. El miedo te empuja a ser irresponsable, el amor hace que protejas todo lo que te importa e incluso lo que no forma parte de ti pero te es cercano.

Quiero pensar que actitudes inexplicables que he visto en las últimas semanas, se deban al miedo a perder, el miedo a sufrir, el miedo a arriesgar, el miedo a sacrificar…

Mantener a toda costa lo que tenemos y a veces lo que somos, no es siempre posible. Pero si ese miedo nos empuja a tener actitudes irresponsables, a crear situaciones extremas o a hacer declaraciones altisonantes, no se gana nada; más bien se pierde.

Es época de inseguridad pero la serenidad también debería tener cabida; nos ayudará a hacer la travesía más cómoda aunque el camino se vea… negro.

Gracias Ruth por recordarme la canción de Rosana, “Sin miedo”.