Razón y futuro: Unidad y diversidad

Razón y futuro. Estos dos atributos le ha dado hoy Felipe VI a la monarquía para que ésta pueda seguir siendo garantía de este país.

Razón como hija de la Historia de España, de un proceso que tenía que desembocar natural y constitucionalmente en su proclamación como Rey, como legítimo heredero de su padre.

 Reuters

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Esa razón de la Corona que el Rey basa en su neutralidad política, vocación integradora y cauce que permitan que entre los españoles fluyan “valores esenciales para la convivencia, para la organización y desarrollo de nuestra vida colectiva”.

Pero toda nación, como dijo Felipe VI, no es solo su Historia. Gracias a ella somos y estamos, pero ahora debemos seguir avanzando con el diseño de un futuro que encaje las realidades de nuestro presente.

De ese futuro ha hablado el Jefe del Estado, y con valentía. Ha planteado abordar, desde la monarquía constitucional, cambios en las instituciones y en la actitud de los representantes públicos españoles; y ha reconocido que España es una, pero con culturas y  lenguas diversas, con territorios con inquietudes soberanistas y tierras con características peculiares, como  puede ser Canarias, que no  merecen un trato uniforme. “Unidad no es uniformidad”, ha dicho el Rey.

Y si en España cabemos todos, solo será la mano tendida la que establezca puentes, y creo que Felipe VI hoy los ha ofrecido. Negarse a recibirlos es igual o mayor error que no reconocer que España necesita otra forma, otro futuro: “Esta nueva España exige profundos cambios de muchas mentalidades y actitudes”.

La transformación necesaria, esa llamada segunda transición, lleva un doble esfuerzo que debe ganarse con honestidad, trabajo y ejemplo. Si fracasa, tendríamos que hablar de otros modelos, estar abiertos a cambios de mayor calado y abrir las urnas para que los ciudadanos puedan opinar sobre cómo debe ser el futuro de los pueblos que conforman España.

 

Discurso de Felipe VI

 

 

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Un golpe de timón real

Después de dos años de fuerte crisis institucional en la Monarquía, el Rey ha cedido el testigo de la corona a su hijo Felipe. Sin duda un buen y revelador momento aunque se haya hecho con cierta prisa.

El sistema político de España, tras la transición, se ha basado en dos pilares principales la Monarquía y la representación política bipartita. Hoy, tras los resultados de las elecciones del 25 de mayo, no hay ninguno de ellos que no se tambalee y que pueda garantizar su propia continuidad.

El titular del discurso del Rey tras su abdicación es claro. Es necesario que pase a primera línea “una generación más joven, con nuevas energías, decidida a emprender las reformas”

Sin cambio no hay avance

Sin cambio no hay avance

Un relevo … ¿para que todo siga igual o para que se produzca un verdadero avance?

Bajo el reinado de Felipe VI, la monarquía tendrá que cambiar de rumbo para ser garante de la estabilidad del país, a la que no ha contribuido en los últimos años. No tengo duda que tendremos nuevo Rey en breve, pero no sé hasta qué punto el sistema se podrá mantener más allá.

Los partidos políticos, y con ellos las instituciones, tendrán que plantear la solución de los problemas que afectan a España desde la perspectiva de la gente, más estrechamente ligada a sus necesidades y carencias; reformando la Constitución si ello fortaleciera los vínculos que unen a España.  De otra forma, la soberanía dejaría de residir definitivamente en el pueblo.

Y si todo ello no se produce, no lamentaremos que partidos políticos de nuevo cuño irrumpan queriendo cambiar moldes, clichés y conductas viciadas; lamentaremos otro tipo de movimientos a los que el sistema, entonces demasiado arcaico, no podrä hacer frente.

No quisiera creer, que este anuncio, una semana después de las Elecciones Europeas, sólo sirva para hacer efectivo un relevo anunciado y para acallar esas voces disonantes con el status quo actual. Se habría perdido una oportunidad de oro para poner a punto este maltrecho país con un golpe de timón real.