Dibujar la política

Los que estamos acostumbrados a trabajar con las palabras, como los periodistas, sabemos que no todas, aún siendo sinónimas, tienen el mismo efecto ni sobre el papel ni a voz alzada.

Por eso no me ha sorprendido tanto el ir y venir de términos que están definiendo la época en la que vivimos tomando como ejemplo estrella el rescate…al que podemos llamar tomate; pero también la desaceleración, la estabilidad del deterioro y… etc.

Pero esta situación eufemística ya es un exceso, y en ella quién comunica hace perder el referente de la realidad a  la sociedad  que se queja de la falta de claridad y concreción. En este sentido se lamentaba ayer un amigo: “en estos tiempos que estamos viviendo, parece que muchos están más preocupados por cómo definir los problemas que por cómo resolverlos”, y esto supone la inversión del orden natural que lanza al fracaso la comunicación y también la intención.

Hoy, tras escribir estas líneas anoche, leí un artículo de Antoni Gutiérrez-Rubí, asesor de comunicación y consultor político,  al que sigo y recomiendo a todos lo interesados en Comunicación y en Política. Gutiérrez-Rubí en su Blog de El País, Micropolítica, habla hoy de los Mapas mentales para la política, necesarios más que nunca dada la inseguridad y contradicción a la que estamos asistiendo en la gestión de esta crisis, en parte por la falta de una comunicación realmente efectiva, como he señalado en artículos anteriores.

La sociedad no encuentra eco en este “maremagnum” de declaraciones, terminología y responsabilidades (¿de quién?) y se produce un “itinerario lineal, previsible y redundante de la acción política”.

Esta situación es fruto, según Rubí, de un bloqueo de pensamiento que convierte la Comunicación Política en “una sucesión de pantallas que enlazan ideas o decisiones que no guardan sentido entre ellas”  y que impide “claridad a la exposición y por tanto a la idea”.

El abuso de esta táctica de ideas conectadas con incongruencias juega en contra de quién comunica porque les resta comprensión y a la larga credibilidad, ya que sólo pretende justificar las acciones o decisiones y éstas no están sujetas a una estrategia clara.

Para Rubí, la estrategia debe estar  conformada en un “mapa mental”, que trace al más puro estilo de guía/diagrama la mejor ruta para llegar a nuestro destino así como la estructura y organización del sistema que promovemos. Dibujar  y marcar visualmente el esquema de la política fomenta la creatividad “encontrando soluciones, enfoques y respuestas diferentes”.

Dibujar esta línea de acción facilita la labor de quiénes la diseñan, “mejorará la forma de organizar y comunicar las decisiones políticas”  y, consecuentemente, contribuirá a dar solidez a la posición de quiénes se ven obligados o impulsados a seguirla.

Para mí es la única manera de sortear con optimismo las vías sin aparente salida.

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