El complejo de Dios

Tim Harford presenta, en el vídeo que incluyo en este post, un concepto en el que he pensado muchas veces en los últimos años sin ponerle nombre: el complejo de Dios.

Harford se refiere al complejo que tienen todos aquellos que se creen infalibles y se sienten capaces, con dos datos y tres teorías, de solucionar los problemas de un mundo muy complejo y prácticamente intangible. Él propone el modelo de ensayo y error para buscar soluciones, ya sea en la política, en la economía, en la medicina…

En el ámbito de la política, de la comunicación política, pone en valor la humildad (uno de los rasgos de un líder de raza) para reconocer lo que es difícil de afrontar, lo que es complicado de solucionar; aliando esa humildad con la voluntad de cambiar las cosas: “No sé cómo hacerlo pero quiero hacerlo, vamos a probar”.

Para que este mensaje tenga éxito entre los ciudadanos haría falta que ellos mismos, yo misma, fueran receptivos a este tipo de mensaje y no exigieran a quienes les representan, les dirigen, ser una especie de mesías  en cuyas manos recostarnos para que nos solucionen todos los problemas.

Y ello en todos los ámbitos.

Esta relación de dependencia “a ciegas” se vive también en la gestión de las crisis sanitarias o emergencias. Aún cuando las ciencias que monitorizan, entre otras, las epidemias, las erupciones y los tsunamis, no son exactas, se pide y se presiona a sus científicos y responsables para que den una repuesta clara e inequívoca: y no siempre la hay.

En este punto, y les dejo con el magnífico vídeo de Harford, recuerdo la anécdota del pavo extraída del libro “El Cisne Negro” (El impacto de lo altamente improbable) de Nassim Nicholas Taleb

Imaginemos un pavo que está en un corral. Todos los días el pavo es alimentado por un ser humano, el pavo cree entonces que el humano es bueno y es el encargado de alimentarlo, todo los días esta creencia tiene un reforzamiento positivo, durante todo un año el humano va al corral y alimenta a el pavo, es todo lo que el pavo conoce. Un día, ante lo que el pavo percibía como improbable, el humano lo toma, lo mata y lo sirve en el día de acción de gracias.

Por ello me gusta decir que “preparados para lo previsto surge lo imprevisto”, y esto último es más común en nuestra naturaleza de lo que queremos reconocer.

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