El secreto

Un microrrelato con algo de ficcion y un poco de realidad

Clara, de rodillas y con las manos escocidas de tanta lejía, seguía fregando el suelo con la letanía de lo harta que estaba de Doña Pura y sus manías. “Para que después venga su nieta y lo ponga todo perdido”, dijo alzando la voz. Cuando levantó la vista se encontró con Susana que, desde la puerta y en pijama, la observaba.

– “¿Qué haces Clara?”, susurró Susana.

-“Mocosa, déjame en paz”, gruñó la mujer.

– “¿Pero qué te pasa?”, insistió.

-“Que me dejes en paz  y dale la lata a tu tía María”.

– “Yo no tengo ninguna tía María, Clara”.

– “¿Cómo que no? “Te pareces mucho a ella”, insinuó. Susana dio media vuelta y fue a buscar a su abuela.

-“Abuela”, se oyó desde el fondo del pasillo, “Clara dice que tengo una tía que se llama Ma…”

-“¿¡Queeé!?”. El chillido de Doña Pura tuvo que haberse oído en todo el edificio y, antes de que la mujer le pidiera explicaciones, Clara cogió sus cosas y se marchó. Ya tras la puerta oyó cómo engañaba a la niña: “María está en Cuba”.

Clara estaba feliz, se había vengado de la vieja revelándole a su nieta la hija de la que nunca quiso hablarle: “Si la mocosa es lista averiguará toda la historia”.

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