El candidato electoral y la honorable sociedad

Suenan tambores electorales…

A menos de seis meses para las elecciones europeas, y a año y medio para las autonómicas y locales, los partidos comienzan a despejar incógnitas sobre sus estrategias electorales y los posibles candidatos.

Imbuido de este espíritu, @breviarioclub ha organizado una interesante sesión esta tarde en Madrid, a la que no podré asistir, pero a la que contribuyo con algunas aportaciones tomando como referencia dos obras.

Una literaria: La honorable sociedad (Manotti y Doa); y una segunda, cinematográfica: Game Change (Jay Roach).

La honorable sociedad aborda una trama policiaca, en el marco de unas elecciones generales en Francia, en la que todos los personajes están directa o indirectamente implicados. Game Change desgrana lo que supuso para Sarah Palin y los respublicanos su inclusión en las Presidenciales americanas con los resultados conocidos por todos.

Tanto el libro como la película son muy recomendables y me sugieren algunas ideas que me gustaría compartir.

Las razones por las que una persona se dedica a la política son muy diversas: pueden existir intereses sociales, económicos, empresariales y/o personales. Estos intereses marcarán la ruta del candidato e independientemente de cuales sean, estas razones y objetivos deben existir para dar consistencia al candidato. No hay nada peor que los zarandeos y la ambivalencia;  la falta de criterio y coherencia se castiga duramente en las urnas.

En  este sentido, un buen candidato tiene que creer su personaje electoral. Firme sin fisuras. Tiene que ser pero también parecer, tal y como explicaba en un post anterior. Se debe dar un estrecha relación entre ambas perspectivas principalmente porque contribuyen a su credibilidad y le hacen sentir seguro. Por ello no se debe fabricar “artificialmente” un candidato. En Game Change se dibuja a Sarah Palin por un lado, desconocedora de sus capacidades reales para poder abordar una campaña electoral de tal calibre; y por otro, sometida a un aparato electoral empeñado en que se ajustara perfectamente al partido, al mensaje y al candidato a presidente. Obtuvo mejores resultados cuando dentro de unos límites, fue ella misma.

En este sentido diría que un jefe de Campaña, un jefe de Comunicación, no puede imponerle todo a la persona para la que trabaja, no puede ignorar cuáles son sus principales bondades y debilidades y lo que debe es maximizar unas y minimizar otras.

A mi juicio, el error inicial de los responsables de la campaña republicana, reflejado en la película, fue querer imitar la parte dinámica, innovadora y de mensaje del candidato Obama e intentar trasladarla  al todo de Palin. En un principio se creyeron capaces, ella se creyó capaz; antepuso su propia identidad a un sueño, a una idea sin realmente asumir las consecuencias: a medida que avanzaba la campaña la verdadera Palin surgió y provocó la crisis.

Honorables

La honorabilidad del ser humano en cualquier ámbito de actuación tiene un precio y, la capacidad de lucha por lo que uno cree éticamente justo es finita. Hay pocos que  íntegramente luchan contra lo mismo siempre y nos vamos adaptando al sistema según nos lo permita y siempre que lo esencial de nuestra vida no se vea afectado: tanto miembros de ONG’s, políticos, empresarios, periodistas… Las presiones sobre las familias, la humillación profesional, las muertes consecuencia de la lucha por la verdad suelen ir retirando de la vida pública, de la vida activa, a los más prudentes, a los más valientes  (que lo son por valía no por osadía). Esto se refleja muy bien en la obra de Manotti y Doa, en la que la lucha por los ideales tiene un límite, no tanto la lucha por los intereses.

En la Francia de La honorable sociedad, también en la campaña americana, todos tenían algo por lo que luchar y algo que esconder; y esto último siempre es un obstáculo para la construcción de un candidato perfecto.

Pero si partimos de la base de que existe un profundo rechazo social a la actividad política y que los candidatos perfectos no existen, podremos diseñar acciones de comunicación e imagen más ajustadas a la realidad y a la persona, en las que la distancia entre el discurso y la acción no sea un abismo. De esta manera contribuiríamos, quizá, a aportar más honorabilidad a la sociedad.

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2 pensamientos en “El candidato electoral y la honorable sociedad

  1. Habrá que ver esa película. Parece muy apetecible. Lo malo es que los programas electorales no suelen hacerse con rigor y en muchos de ellos ni siquiera participa el candidato. Creo que debemos ir hacia un nuevo modelo en el que primen la transparencia y la responsabilidad.

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