Compartir custodia

Hace cuatro años se inició en mi entorno familiar un proceso de separación y divorcio que supuso para todos un mal trago que no esperábamos. No sólo porque una pareja se hubiera roto, sino porque desestabilizaba la vida de dos niños pequeños.

Este proceso, en el que ha habido dos juicios o vistas, terminó felizmente con la custodia compartida de los menores por parte de ambos progenitores en semanas alternas, gracias al tesón y al convencimiento del padre de que era la mejor forma de vida para sus hijos.

Contó con todo mi apoyo. Para quién no haya vivido de cerca la verdadera realidad de la custodia compartida puede parecerle ésta más contraproducente para los menores que el clásico fin de semana alterno, con algunos días entre semana. Algunos jueces piensan que si los padres no se llevan bien no debería establecerse la custodia compartida…La experiencia que he podido conocer es totalmente la contraria.

Cuando los padres no se llevan bien, y los padres no tienen más problemas que soportarse mutuamente, se puede dar que quién tenga a los niños la mayoría del tiempo (normalmente la madre) prive a sus hijos de estar con la otra parte e intente inclinarlos emocionalmente en su contra.

La no presencia de uno de los progenitores en  la vida de los niños, hablando siempre de una persona sin otros problemas, es más perjudicial para los menores que el pequeño inconveniente de cambiar de casa todas las semanas. Ese cambio que ellos rápidamente integran en su rutina, en un corto periodo de tiempo que se relaciona con las jornadas escolares,  les permite mantener ambas referencias, la de papá y mamá: la familiaridad de sus repectivas casas y el apego a sus familiares, de uno y otro lado, con los que pueden establecer una relación más frecuente.

Creo que todavía hoy, y en el ámbito de las familias tradicionales, no se reconoce de manera general la importancia de la implicación del padre en el desarrollo y educación de sus hijos. Por eso, aplaudo a los que luchan todos los días por ocupar un lugar preferente en la vida de sus hijos a pesar de una separación; que quieren ser responsables, con sus aciertos y errores, de su educación, de sus momentos de ocio, de estudio; en definitiva, de su vida.

Compartir la custodia de los hijos me parece un ejercicio de responsabilidad y de generosidad hacia los pequeños. Me da pena que los adultos no sepan en ocasiones, no sepamos, poner por encima de cualquier otra consideración el bienestar emocional de los niños. Siempre he dicho que ellos no nos pertenecen, son de ellos mismos. Nosotros les ponemos en la vida y les indicamos  el camino evitando, en lo posible, torcérselo.

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7 pensamientos en “Compartir custodia

  1. Querida Ana, que sepas que te sigo habitualmente y que me parece muy valiente por tu parte atreverte públicamente con algo tan íntimo como son tus pensamientos y opiniones más íntimas.
    Me alegra enormemente que puedas hablar de una buena experiencia respecto a la “custodia compartida” y ojalá que todos los casos resulten igual de ventajosos para los padres y para los menores.
    Sólo quiero hacer hincapié en “los menores”, que son los que realmente importan en estos casos. Cuando hablas del “pequeño” inconveniente de cambiar de casa todas las semanas ya estamos minimizando los efectos que eso puede provocar en un niño (no porque el niño sea pequeño el inconveniente también lo es) ¿Crees que si el “pequeño” inconveniente del cambio de casa semanal lo tuvieran que asumir los padres se libraría alguna batalla por compartir custodias? Es una cuestión que siempre me he planteado. Lo importante para mí es que se resuelvan este tipo de asuntos de forma que salga reforzado SIEMPRE “el interés del menor” y no el de los adultos.
    Besos y felicidades por tu blog.

  2. En la experiencia que yo he vivido los niños regresaban a la casa de su padre, después de una semana, como si se hubieran ido esa misma mañana.
    Por otra parte, la opción de que los padres cambien de casa en lugar de los niños no les permite rehacer su vida, además de tener que disponer de tres casas con lo que no es asumible por todos.
    El objetivo ideal sería que los padres pudieran llevarse bien tras una separación para que ningún juez tuviera que establecer las visitas y los repartos, y que ambos, padre y madre, pudieran ver a sus hijos cuantas veces quisieran.
    Muchos besos y gracias por seguir este “invento”.

    • !Qué cierto Ana! ¿ Qué hace un juez metiéndose a organizar la vida de una familia? Esto siempre debería de resolverse en el seno familiar, pero es un largo tema de debate.
      un abrazo.

  3. Vaya, me han sorprendido muy gratamente estos párrafos que redactas Ana. Me identifico plenamente con ellos, como padre que siempre ha estado muy implicado en la educación de su hijo, y que tras un divorcio he luchado por seguir contribuyendo a ello.
    Efectivamente, esta sociedad no ha evolucionado suficientemente hacia esa madurez de reconocer la implicación mutua en la educación de los hijos de padres y madres, el modelo de sociedad afortunadamente ha cambiado en ese sentido, sin embargo algunos siguen ciegos ante ello. Especialmente nuestros legisladores, con discriminaciones de unos cónyuges frente a otros que sólo consiguen perjudicar a los hijos, los niños necesitan padres y madres, no vencedores y vencidos en batallas judiciales.
    Así, como bien dices, el ser hombre y no existir situaciones de armonía, lógico hasta cierto punto en separaciones y divorcios, impide a los niños tener padres y madres a tiempos compartidos, quedando huérfanos de padre por sentencia judicial quienes más lo necesitan, y relegando a padres comprometidos en la educación de sus hijos a meros “visitadores” de fin de semana.
    Estaría horas hablando de este tema, y sacando conclusiones, pero si te parece lo dejaremos para cuanfo tememos un café, sólo me cabe darte la enhirabuena por los valores que expresas y la realidad que relatas,
    Saludos.

  4. Siempre he pensado que un hijo es de dos a partes iguales, estando juntos o separados. En ese sentido no puedo comprender cómo hay padres, o madres, que delegan completamente la atención de los hijos “al otro”.

    • Cierto, esa cusuística existe, padres o madres que se desvinculan de sus hijos tras el divorcio, pero afortunadamente cada vez la casuística más frecuente es la de padres y madres implicados, antes y despues, educando, amando, estando con sus hijos, y teniendo su atención y que también por desgracia, frecuentemente después del divorcio no pueden hacerlo.
      No puedo comprender por qué se priva del poder compartir la educación de su hijo a uno de los que fueran cónyuges, cuando éste desea hacerlo, a ese padre o madre implicado, y lo más importante, a ese hijo de su padre o de su madre.
      Abogo por una necessria modificación del Código Civil, como ya existe por ejemplo en Aragón, donde el interés de los menores prevalece, y la regla general establece custodias compartidas, estudiando cada caso concreto en beneficio de lis hijos. Abogo por una sociedad donde los padres se impliquen en la educación de los hijos, los dos, y donde salgan ganando quienes más protección y cariño necesitan, los hijos.

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